¿Teniendo ojos no veis y teniendo
oídos no oís? ¿Y no os acordáis?
(MARCOS, Capítulo 8, Versículo 46.)

Suso
Qué raro me parece lo que está pasando. ¿O no?
Recuerdo que, durante la guerra de Irak (su invasión por los americanos), la gente del «¡No a la guerra!» salía a manifestarse masivamente cada semana. Aquello se consideraba libertad de expresión.
La guerra acabó cuando quisieron los que la empezaron, pero lo que nunca sabremos es quién la ganó y quién la perdió. Bueno, quién la perdió sí: los de siempre. Pero qué importa quién la perdiera. ¡Borrón y cuenta nueva!
Hace casi dos años que Rusia invadió Ucrania y, en todo este tiempo, no se ha producido ni una sola manifestación en contra de esta invasión, a fuego y sangre, de las tropas rusas. Es más, por parte de los políticos malvados, se les negaba el derecho a defenderse o, cuando menos, se les dejaba que se defendieran solos ante un gigante. ¡Qué curioso, ¿no?! Después ocurrió la invasión a Israel, también a fuego y sangre, y no solo no hay ninguna manifestación en contra, sino que las manifestaciones se suceden a favor de la invasión. Cada semana se repite lo que pasó cuando los americanos invadieron Irak, es decir, manifestaciones continuas, pero esta vez en contra del invadido. Más aún, se han negado a condenar los estragos.
Es un pueblo que sufrió casi hasta el exterminio en la Segunda Guerra Mundial y al que hoy se le pide que no se defienda.
Pero, además, los invadidos están volviendo a ver en la «Europa de las libertades» como sus casas son marcadas con la estrella de David, como en la Segunda Guerra Mundial, y para esto no hay manifestaciones. Será que las manifestaciones son como los pimientos de padrón, que unos pican y otros no. Claro, tan claro como el agua que evacúa el fregadero.
Sin embargo, ¿qué pasaría si en la Europa de las libertades se pintasen las fachadas con una rosa o la hoz y el martillo? ¡No, por Dios! Eso sería fascismo. ¡Ya…!
La reflexión es muy sencilla: la llamada izquierda sabe manifestarse y vender sus razones, y digo vender, en toda la extensión de la palabra ¿Y qué precio piden? Financiar su bienestar. ¿Y qué es su bienestar? A la vista está…
Como decía mi querido amigo Joan Ramón (fallecido hace tiempo), catalanista de pro y defensor de sus intereses, como es natural, cuando veía las cosas difíciles: «Merda per al que quedi i l'últim que tanqui la porta» («Mierda para el que quede y el último que cierre la puerta»). Estas palabras se me quedaron grabadas y vienen a mi memoria porque empiezo (tarde, es verdad) a darme cuenta de que tenía más razón que un santo, como se suele decir en el rico idioma castellano.
Joan, aunque deseaba una Cataluña genuina, nunca hubiese imaginado lo que hoy está pasando. Y sí, estoy seguro de que lo celebraría. Si me pongo en su lugar, hasta yo lo celebraría. Lo que no sé es qué tienen que celebrar los humanos llamados hijos de la España vaciada.
Tampoco entiendo que las muy abundantes asociaciones, que viven y trabajan en el marquesado, así como los eruditos que esta parte del mundo ha dado, se pongan de perfil e incluso a favor del despropósito que estamos viviendo en este reino.
Ellos, los malvados políticos, permiten hasta que se prohíba aprender en el idioma de todos los españoles en una o dos regiones de los rincones del norte y este del mapa de la piel de toro. Esto lo ve bien la gente que aquí mora y se autoproclama demócrata, dándose golpes en el pecho. Sin embargo, ¿querrán decir autocracia? Añaden, cuan papagayo, «¡eso es por la convivencia!». ¿De qué convivencia hablan? No creo que sea la del marquesado, donde cada día viven menos humanos, al tener que emigrar, precisamente, al rincón privilegiado y protegido históricamente hasta por Franco. Pero lo cierto y transparente es que en todas sus manifestaciones omiten la crítica al autócrata. Curioso, ¿no?
Otra curiosidad, incomprensible para mí (debo de ser de otro mundo), es que cuando se manifiesta la gente, frente a la casa o la sede del malvado político, se manda un batallón de policía para disuadir a los manifestantes que ejercen su libertad democrática. Parece que eso no ha pasado nunca con otros políticos de distinto pelaje. Es probable que se deba a que la memoria es de plastilina y el pasado que no interesa se empuja con el dedo hacia dentro hasta hacerlo desaparecer. Pero en aquellas ocasiones todos los policías estaban ocupados en otros menesteres. Mira tú por dónde, esto sí que es proporcional, ¡dónde vamos a parar!
Parece que se esté promoviendo una auténtica distopía. Se está haciendo lo contrario de lo que es el objetivo predicado. Tal vez se pretenda otra guerra de los Balcanes, aquí, en este reino, como primer paso. ¡Dios no lo quiera!
A propósito de los Balcanes, esto fue lo que predijo, entre otras muchas cosas, la ya fallecida vidente búlgara Baba Vanga, llamada la Nostradamus de los Balcanes: «El comunismo volverá en todo el mundo y con más fuerza».
Será el virus o, simplemente, que estoy haciéndome mayor.
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


