¡YO QUIERO MUCHO A MI MUJER!

«En esta vida debes casarte. Si permaneces enamorado de tu cónyuge, serás feliz; en caso contrario, serás un filósofo».

Sócrates

 

 

 

 

¡YO QUIERO MUCHO A MI MUJER!

A las 16:00h de un día de mayo de 2019 (para mí la hora de la siesta), alguien se presentó en mi casa golpeando la puerta.

Me levanté, y al abrir la maltratada puerta me encontré  dando gritos, y muy alterado, a un ciudadano del «marquesado» que hasta aquel momento era respetable para mí.

Sin decirle que entrara, se coló en mi casa. No entendía qué quería pero, rogándole que se calmara, le invité a que se sentara.

Este individuo se sentó pero continuaba dando gritos, por lo que no tuve otro remedio que decirle que, o dejaba de gritar y hablábamos como personas civilizadas, o tendría que irse. Él me respondió que ese era su tono de voz y que no pensaba dejar de hablar así.

Sin más contemplaciones me levanté y le invité a salir de mi humilde morada. Él también se puso en pie y, con tono agresivo, me dijo: «yo quiero mucho a mi mujer, y que venga la guardia civil a mi casa a preguntarle de dónde ha recibido esta noticia. No me ha gustado nada, yo la quiero mucho y ella no ha hecho nada malo».

Cerré la puerta y ahí se acabó todo tipo de contacto.

Yo creo que el que seas mujer muy querida por tu marido (imagino que como en todos los matrimonios, si la pareja permanece junta es porque se quiere mucho; eso al menos es lo natural) no quita que hayas hecho algo que no debías. Y si lo has hecho, lo lógico es que haya consecuencias, mucho más si se trata de difundir noticias falsas en las redes sociales.

Ella lo sabía muy bien porque, el día después de la propagación de la falsa noticia, yo me presenté en su establecimiento de hostelería y le pregunté por su procedencia, respondiéndome: «no lo sé; creo que me lo envió alguien  de Valladolid».

Le pedí por favor que me dijera de dónde había venido porque, si no lo hacía, pensaba presentar denuncia en la guardia civil y no quería implicarla.  Me respondió: «haz lo que quieras; yo no voy a decirte quién me lo ha enviado».

Pues bien, con las mismas pusimos la denuncia en la guardia civil, firmando un documento con el siguiente texto: «no sabemos la procedencia de esta noticia, pero sí que ha llegado a nuestro Whatsapp desde el de “fulanita de tal” que se ha negado a informarnos quién se lo envió a ella».

Hecha y firmada la diligencia en el cuartel de la guardia civil, recogimos nuestra copia y nos fuimos.

Ese mismo día se presentó la guardia civil en la casa de esta mujer, pero en el documento que le entregaron ponía que se había interpuesto denuncia contra ella. Debió ser un error, o equivocada interpretación del funcionario al transcribir de dónde había partido la difusión.

Todo esto me viene a la cabeza por la sorprendente noticia de nuestro querido Presidente del Gobierno del Reino de España.

Evidentemente, los motivos de la difusión de esta revelación solo los sabe él, y seguro estarán cargados de razones que, según parece, no son dignas del conocimiento del común de los ciudadanos del reino.

Tampoco sabemos qué aflige a nuestro presidente y qué  tiene que ver con nosotros los «mortales», ya que solo tienen derecho a ser respetadas las elites de las siniestras.

Personalmente considero necesaria la reflexión que dice está haciendo, además de sana para el devenir de nuestro reino.

Creo que cuando una persona orgánica con fecha de caducidad (como lo somos todos) se atiborra de pimientos de Padrón, aunque el porcentaje de los que pican sea inferior al de los que no, tarde o temprano revienta.

Y ante esto, solo se pueden hacer dos cosas. La primera, dejar de atiborrarse de pimientos y hacerse un lavado de estómago; y la segunda, exterminar la especie que tanto daño te hace.

Es más fácil la segunda, ya que los que pican lo hacen muy «extremadamente». Y si se exterminan, ya no hay riesgo de que nuestro presidente se aflija más.

Así que de nuevo toque de arrebato, y que los sectarios resistentes ocupen su lugar en el camaleón afligido. ¡Que lo vamos hacer!

¡No hay principio sin fin, ni fin sin principio!

Mira que lo ha intentado veces, y el pobre hombre persiste sin descanso en limpiar las tierras del reino de las perniciosas guindillas extremas, cayenas extremísimas, ortigas y demás malas hierbas que, según él, no aportan más que malestar en el estómago del que, por gula, se atiborra de estas plantas que Dios creó para justicia de los humanos biológicos que son adictos a seguir resistiendo la glotonería y jactándose de ello, incluso escribiendo un manual de resistencia para erradicar estas malas hierbas.

Claro que bien pensado, y si no lo tengo mal entendido, lo que predica la famosa agenda 2030 es precisamente que  los propietarios compartan sus tierras con el Estado, a fin de que éste pueda decirles qué cultivo tienen que plantar y cuál será el precio que les van a pagar.

De esta manera ya no hay fronteras nacionales, salvo las del círculo del diablo. Es decir, que los que estén dentro del círculo no podrán plantar en sus campos ninguna hierba que no siente bien a los estómagos de los promotores de tal agenda.  Y como te resistas a esta imposición y aflijas al que te da la orden, no habrá Dios que te pille confesado, porque el dios es él.

Creo en verdad que la mujer de uno debe ser, ante todo, persona libre, buena compañera y, por supuesto, de su mismo equipo. Con esta comunión se evitan las discusiones gastronómicas, los intereses fisiológicos y las tentaciones de excesos o licencias ingeridas.

«La mujer del César no solo debe ser honrada, sino que también debe parecerlo». Muchos siglos han pasado desde que Cayo Julio César dijo esta frase, que respondía a una posible infidelidad de su mujer Pompeya, y que postulaba que se debía mantener la compostura según el cargo y la responsabilidad que se ostenta. 

¡Pues eso…!

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


 

 

 

 

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