¡Ay de vosotros, fariseos, hipócritas!
Que sois como sepulcros blanqueados.
(Lucas, Capítulo II. – Versículo 44)
Todo reino dividido, es desolado
y toda casa dividida, no permanecerá.
(MATEO, Capítulo 12 – Versículo 25)

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Sin acritud…, pero con dolor. A todos los que hoy son felices y podrán dormir a pierna suelta gracias a los acuerdos del Partido Socialista Obrero Español.
¿Y estos quiénes pueden ser? Veamos, empecemos por el escalón más bajo:
Los votantes de la España no independentista, ya que han pasado de ser ciudadanos de buena fe a cómplices de tal pacto.
Los perdedores eternos de la España vaciada, por seguir durmiendo plácidamente.
Los concejalillos de pueblos minúsculos, de esa misma España, por seguir la voz de su amo.
Los que al votar a unas siglas se han convertido en sectarios.
Las mujeres que temen perder libertades si votan otra cosa que no sean las siniestras.
Los obreros sometidos, que prefieren el sometimiento de las izquierdas y dan por bueno el sometimiento de este patrón.
Los grandes empresarios que hacen la ola a las izquierdas esperando que sigan cayéndoles beneficios del cielo por aplaudir hasta con las orejas.
Las universidades públicas, por guardar ese cómplice silencio y solo rebelarse contra lo que no son las siniestras extremas, además de aleccionar a los jóvenes en una sola dirección.
Los jueces y fiscales que se han plegado ante semejantes pactos contra el Reino de España.
Los que no piensan, o no quieren hacerlo, y solo ven las televisiones pagadas por las izquierdas.
Estas televisiones, por estar al servicio del autócrata sin importarles un comino el pueblo que les sigue, además de inocularle sus malvadas perversiones.
La Iglesia, por estar con Dios y con el diablo. Por no querer estar con la gente que esperaba algo de ellos.
Todos los que les va bien este régimen autocrático.
Los sindicatos, por su inacción cuando es necesario y su hiperactividad contra los asuntos de la derecha, sea necesario o no. Ahí la equidad no existe, ¿para qué, si son fachas?
Los que niegan a su madre para seguir teniendo ingresos, caídos del cielo también, por asentar afirmativamente con la cabeza ante cualquier orden del autócrata.
La otra parte política, por no hacer su trabajo y empujar a sus votantes por el precipicio.
Don Felipe Juan Pablo Alfonso de Todos los Santos de Borbón y Grecia. Felipe VI, rey de España. ¡Su majestad! ¡Por empujarme a hacerme republicano!
Me gustaría ver que se hacen realidad las esperanzas de libertad, trabajo y bienestar para todos vosotros y vuestros descendientes. Entonces podré entender que ha merecido la pena. Pero mucho me temo que lo que ha pasado, hasta hacerse realidad esta nueva legislatura, va por el camino contrario.
He entendido que habéis dado vuestro voto a unas siglas y esos votos han pasado a manos de un autócrata. Después he entendido que lo mismo que hizo Pilatos habéis hecho vosotros, es decir, lavaros las manos ante todo lo que pueda pasar.
Sí, lo habéis dicho miles de veces: «Mientras no gobierne nunca la derecha, cualquier cosa es buena». ¡Enhorabuena, sabia decisión! Este discurso ya lo dijo en el Parlamento español un ministro comunista: don Pablo Iglesias Turrión. ¡Que así sea!
Cuando vengan mal dadas, que vendrán, reflexionad sobre el grado de complicidad que os corresponde. Cuando eso pase, de nada servirán los llantos ni las justificaciones, lo único que servirá será el grito unánime en las calles. ¡Sálvese quien pueda, ya no hay resortes donde agarrarse! ¡No hay sitio para todos y los botes están pinchados! Pongamos que hablo de Venezuela.
Apelando a la Ley de Memoria Histórica, recomendaría a todos los que aún no están convencidos de que esto que hoy está sucediendo en este reino se parece mucho, por no decir que es calcado, a lo que ocurrió durante la Segunda República; pero, sobre todo, a los seis primeros años de la década de 1930. Sería bueno que esos libros y artículos de prensa, que muchos fueron escritos por insignes políticos, escritores, filósofos e historiadores, fuesen releídos y puestos en contexto con relación a la actualidad. Y seguir después con el resto de la historia… hasta nuestros días.
Probablemente, muchos ciudadanos de este reino, acomodado por la sedación del bienestar, verán con más preocupación lo que hoy está pasando con nuestros políticos, ya que ellos, los malvados personajes, nunca contarán la verdad, siendo su fin retorcer hasta la asfixia las leyes y la justicia. Ese bienestar que hoy creéis disfrutar no es perenne ni podrá serlo jamás. Y, si miráis por la curva, lo que os espera no es precisamente disfrute. Las nuevas repúblicas, que vendrán, las disfrutarán por vosotros vuestros hijos y nietos, pero ¿será disfrute o sometimiento?
Empiezo a pensar que la primera república que veremos en España será la República Catalana Independiente Musulmana. En ella, las mujeres ganarán las libertades que España les ha robado. De igual modo le ocurrirá a las personas con una orientación sexual diferente a la heterosexual. Y, cómo no, desaparecerán los matrimonios, concertados por los padres, de mujeres menores de edad con ancianos. Lo mismo ocurrirá con la ablación del clítoris que aquí practican algunas culturas. Sin olvidar que el idioma y los nombres catalanes de pura cepa se expandirán voluntariamente por toda la nueva república.
Creo entender que vuestra inteligencia superior conseguirá vuestros deseos, pero ¿coinciden estos con los del pueblo? Así que, como en las guerras, ¿qué importa el pueblo? «Son daños colaterales», faltaría más, que diría un personaje… Además de «a mucha honra».
Pues eso…
Me gustaría poder dormir a pierna suelta en el mismo lado que ustedes, pero mira que lo he intentado…, y no hay nada que hacer. ¡Hasta he recurrido al lorazepam! Ya solo me queda apuntar al fentanilo para combatir el inmenso dolor.
Como dijo aquel: «Jugar, perder, pagar y callar».
Hoy todos jugamos, y no precisamente a la lotería de Navidad.
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


