TRÁFAGO
Es demasiado el trajín que se ha tenido con el pretendido futuro del marquesado, el del ilusionante sueño puesto en manos de un producto de arena silícea que vino como un maná, y que pocos o ninguno sabía de dónde procedía.
Yo creo que no fue acertada la vehemente forma con la que esta ilusión fue defendida, de ahí que perdiera toda clase de credibilidad.
La vida me ha enseñado que los grandes proyectos deben hacerse de dos maneras: la primera, con inversión tangible; y la segunda, con absoluta discreción, porque de no ser así existirían demasiados intereses en contra que harían que el éxito se convirtiera en fracaso.
Tampoco se puede dar voz a personas que solo quieren su propio protagonismo, y que para conseguirlo, forman algo parecido a una plataforma ciudadana. ¿En defensa de qué y de quién?
Lo curioso de este protagonismo forzado es que alguna de estas personas venía ya de un fracaso continuo en la política municipal, tras varias décadas de intentos en distintos partidos. Todo esto, junto con todo lo anterior, genera un cierto rechazo.
No obstante, y a pesar de todo, es muy de agradecer la voluntad que todos los implicados han puesto en que ese futuro del vidrio se estableciese en el marquesado; hasta incluso con la amenaza de que ese futuro pudiera asentarse en otras ciudades de nuestra Comunidad, ya que al parecer se cedían gratis los terrenos necesarios para su ubicación en otro consistorio designado. Pues siendo seguramente verdad esta afirmación, o incluso siendo mentira, deberíamos ser realistas y preguntarnos: ¿qué ha pasado aquí?
Suponiendo que haya pasado algo, sería muy triste que, siendo una buena oportunidad para nuestro marquesado, ésta se esfume por falta de transparencia de unos, y de información de otros.
Pero no perdamos la esperanza, y tampoco desfallezcamos. Exijamos a nuestros políticos, a todos, que trabajen más en buscar inversión industrial para implantar en el marquesado, y que ésta sea promovida por la Junta de Castilla y León que es quien maneja la economía, los contactos a muy alto nivel, y también las decisiones sobre a qué industrias se tiene o no que ayudar, y en qué lugares deben ubicarse. ¡Es muy fácil inflar un globo; pero si éste se abandona, se desinfla solo!
Se vive muy bien en la oposición sin tener ningún problema ni responsabilidad. Se ficha, y ya está; ¡a esperar al próximo pleno! Y si se vive bien en la oposición, no quiero imaginarme cómo se hace en el equipo de gobierno con mayoría absoluta.
¿No sería más eficaz que esa oposición tuviese un plan de trabajo a desarrollar en lo que queda de legislatura? Está claro que los problemas menores del día a día se solucionarán cuando el equipo de gobierno con mayoría absoluta lo decida.
Pero yo no hablo de esto, aunque digo que se debe estar vigilante y denunciar esas cosillas que suceden todos los días. De lo que hablo es de un plan a medio o largo plazo para industrializar en la medida de lo posible nuestro territorio, siendo la oposición quien comience esta labor; y, por supuesto, que quiera y sepa cómo hacerlo. Y si no supiera, podría pedir ayuda a distintos estamentos de la sociedad y de la Comunidad Autónoma, a fin de que ese proyecto altruista salga adelante, siendo irremediablemente necesario que los que aman nuestra comarca no se conformen con ver el tiempo pasar.
Esto último ha sido así durante cientos de años, tónica habitual en la historia de nuestro pueblo. La prueba está en la estadística de habitantes de Peñafiel, que en toda su historia no ha llegado siquiera a acercarse a 6.000 habitantes.
Debería existir en el ayuntamiento, sobre una pared en blanco y a modo de recordatorio, un panel donde se mostrará una gráfica que reflejara la evolución de población desde que se tienen estadísticas. Y así, que cada mañana todo el mundo se preguntara: ¿por qué?; ¿qué está pasando con el marquesado?; ¿qué maldición tenemos encima…?
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja



