«No tendrás nada y serás feliz»
Ida Auken
Discurso de 2016 para el (Foro Económico Mundial )

suso
Reflexiones del Marqués de Pinofiel y de la Gloria floja
En mis noches en blanco, que no son pocas, me pregunto por qué voy a votar cuando estos perversos políticos nos llaman a las urnas. Puede ser que sea porque tengo miedo cuando acudo porque, de no ser así no iría, digo yo.
¿Acaso hay algo más valioso que no perder la libertad? Para mí no, pero yendo a votar la estoy perdiendo porque voto a «toque de pito» , dando un poder a los perversos políticos que no se lo merecen, ya que salga quien salga después de meter la papeleta, habiendo elegido lo que considero menos malo…, ¡pues zas¡, me vuelvo a equivocar.
Puede ser que no me equivoque, pero sí que he sido engañado ya que nunca sale que gane yo. Vamos como en el juego, que la banca siempre gana.
Será porque voy a perder un buen sueldo y no voy a poder dar de comer a los que dependen de mí… Mi caso no ese, desde luego, aunque sí lo es el de mucha gente. Y si dependen del malvado, su papeleta será del color de su escudería.
O me da miedo la muerte. No será que me da miedo todo. Puede ser en otra gente, pero en mi caso no. Porque vivir dormido puede ser muy placentero, pero eso no es vivir.
Ellos, los perversos políticos nunca darán nada provechoso para el pueblo. En cambio, cada día cuando me levanto me regalan las porciones necesarias de miedo para que mi cerebro este más preocupado por lo que va a pasar que por lo que está pasando.
¿Quién es capaz de vivir con las injusticias que se cometen un día sí y otro también contra la gente común? Seguramente esa gente que quiere ser feliz a costa de lo que sea, pero que nunca lo podrá ser por la ambición del poderoso, que no descansa en su afán de controlar todo lo que hacemos para que nuestros derechos sean cercenados sin poder remediarlo. O sí, pero los otros políticos aceptan el juego pensando que un día les tocará a ellos ser malvados, así nos lo cuenta la historia que no queremos ver.
Y si al malvado político no le gustan las reglas del juego, te cambia las normas y se queda tan ancho y además te regala una dosis mayor de miedo y te da un bofetón (cual si fuese un maestre del Temple) «para que no te olvides cuál es tu obligación».
¿Cómo puede ser que gente sin escrúpulos ni las ideas sociales necesarias para que los ciudadanos comunes puedan ser un poco felices estén dirigiendo mi vida?
¿Solo por riquezas, por el poder, por el mero hecho de poder? ¿Para qué? ¿Acaso van ser eternos, o piensan que toda la sangre que nos sacan será moneda de cambio para que «San Pedro les abra las puertas de la vida eterna»?
Pero qué he hecho para merecer esto, me pregunto muy a menudo. Y me revelo contra ese abuso…, aunque también lo hago contra mi incomprensible mansedumbre y me vuelvo a decir, no tienes nada que perder ¿O sí?
Si, porque me conformo con ver el sol, «gracias a Dios», me digo a mí mismo. Y en ese momento de paz «cocainómano» cierro los ojos…
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


