¿PODRÍA IMITARSE VENEZUELA EN EUROPA Y MÁS CONCRETAMENTE EN ESPAÑA?

 

 

SUSO

«Contra las almas, la mentira;

contra los cuerpos, la violencia».

Lenin

 

 

SUSO

La sala desigual y desordenada.

 

 

¿Podría imitarse Venezuela en Europa y más concretamente en España?

Hace no mucho tiempo, en una importante ciudad de Castilla, me preguntó un joven de unos 40 años por la dirección de una de sus plazas.

Como no sabía muy bien cómo explicarle, ya que estaba a bastante distancia y había varias calles que se entrecruzaban, le respondí que yo me dirigía hacia aquel lugar y que, si no le importaba, viniese conmigo. Y así lo hizo.

Al yo detectar en él acento hispanoamericano, le pregunté por su procedencia. Y me respondió: «soy de Venezuela», entablando después una conversación mientras caminábamos hacia el destino.

Me contó que llevaba poco tiempo en esta ciudad, y que los motivos de su salida de Venezuela fueron la opresión que allí se vivía y la inexistencia de un futuro. Continuó diciéndome que era médico, y que no podía soportar las injusticias que veía en su país, pero que no le quedaba otro remedio que aguantar, porque allí estaba su familia, y no quería abandonarla.

Siguió explicándome que un episodio o desencuentro con una persona del régimen dictatorial hizo que la única alternativa que tenía era salir de allí sin demorar ni un minuto. 

Llegamos al lugar de destino y le invité a tomar un café, sentándonos en la mesa de un bar para continuar con nuestra charla.

Continuó diciéndome: que tiene mujer y dos hijos en su país y que la separación fue muy desgarradora, pero como sus padres, los de ambos, viven allí no están solos.

Además me dijo que su mujer y sus dos hijos se quedaron en su país, ya que salir los cuatro con urgencia era una empresa imposible, pero que al menos aliviaba su desconsuelo el que allí no estuvieran desamparados porque sus padres y suegros vivían en Venezuela también.

Le pregunté que cómo veía a España y en qué pensaba trabajar aquí, y respondió en primer lugar a mi segunda pregunta: «espero poder encontrar trabajo dentro de mi profesión, pero por el momento sólo me han ofrecido empleo en una cafetería. Es en lo que estoy trabajando ahora»

Prosiguió dando respuesta a mi primera pregunta, diciendo: «yo vengo del futuro y a España no la veo nada bien….» Me sorprendió mucho su comentario y le dije que no entendía qué quería decirme. Contestó: «pues que vengo del futuro, vengo de donde ya ha pasado lo que va a ocurrir en España. En Venezuela empezamos así con Chávez y proseguimos con Maduro, un gobernante muy tirano… Pero lo más grave es que en esta situación podemos acabar como en Cuba, por muchísimos años.»

Después de escuchar lo que había dicho, no pude por menos que decirle que era muy difícil que esto pasara aquí porque, como bien él sabía, estábamos en Europa y las garantías democráticas eran inmensas.

Y me respondió: «Sí, a simple vista lo que dice es cierto, parece que en Europa esto no puede pasar, pero esto mismo es lo que pensábamos en nuestro país. Nunca hubiéramos imaginado que fuera a ocurrir lo que está sucediendo allí, mucho menos teniendo en cuenta que Venezuela disponía de unas reservas naturales inigualables y era una nación rica, joven y en continuo crecimiento. Lo que ocurrió es que nosotros fuimos tragando todas las graciosas ocurrencias del chavismo y nos llegó el agua al cuello a una velocidad pausada, pero sostenida en el tiempo. ¿Por qué no puede pasar todo aquello aquí? »

Continuó diciendo: «El chavismo ocupó todos los poderes en Venezuela, incluida la prensa, y no pudimos o no supimos pararlo. ¿Y actuó Estados Unidos…? No. ¿Pues entonces por qué va a hacerlo con ustedes la Unión Europea? ¿Qué hizo cuándo se produjo el intento del golpe de estado por parte de los políticos independentistas catalanes? »

Yo insistí diciendo que creía que nunca llegaríamos a una dictadura tan cruel como la que ellos habían pasado y estaban aún sufriendo.

Yo tampoco lo quiero creer, me dijo, y me parece muy difícil que pase aquí, en esta Europa de las garantías sociales. Pero tampoco podía imaginar que los países que forman Europa pudiesen estar poco a poco implantando el servicio militar obligatorio, pensando y manifestando sin pudor que se tiene que rearmar para una posible guerra. ¿Qué finalidad tiene esto? Yo no lo sé, pero sí sé cómo llegó el tsunami narco-comunista a Venezuela, y lo sé porque lo he sufrido en persona. Por eso digo que yo vengo del futuro.

Espero que te equivoques, le dije, y que no se cumplan tus premoniciones. Cuando iba a despedirme ya de él, le pregunté cuál era su nombre, y me respondió: «Mi nombre es Hernán. ¿Y el suyo…, señor? »  «El mío es Pinofiel», le dije. Nos dimos la mano y cada uno siguió su camino.

Cuando cogí el coche para volver a mi marquesado, no paré de dar vueltas a la anécdota que me había sucedido. Y todo ello me llevó a la conclusión de que yo, sin haber vivido lo mismo que esa pobre gente, coincidía en sus apreciaciones en un porcentaje muy elevado, además de las que yo observaba cada día aquí.

Creo que en Europa, o lo que hoy es este territorio, nos hemos dejado comer la tostada. Y no solo nos la hemos dejado comer, sino que hemos invitado a todo el mundo a que se siente en nuestra mesa sin importarnos quien fuese y qué intenciones tenía al recalar en ella.

El buenismo, que tantas veces hemos jaleado como un don divino, ha resultado ser un auténtico despropósito, y nos ha hecho entrar en una espiral sin posibilidad de retroceso.

Han avanzado tanto las leyes para proteger al que viene, que aquéllas que teníamos, y que sirvieron en su día para el crecimiento en todos los ámbitos de nuestra forma de vida, están totalmente desdibujadas, por no decir que son inútiles.

Los derechos conseguidos después de la 2ª Guerra Mundial ya no son nuestros, y no lo son porque los políticos a los que votamos se los han traspasado a los invitados a la mesa, dándose la paradoja de que ellos tienen derecho a que nosotros nos sentemos, te guste o no, según su protocolo, colocando los platos a su manera y comiendo el menú que ellos nos preparen.

Ese buenismo patológico, que tantas veces hemos practicado como signo de maduración y progresismo del ser humano europeo, no deja de ser más que una rotura del equilibrio social. Esta quiebra conduce a la ruina y al suicidio a una sociedad desnortada que ha sido creada por una élite que, vestida de ecologismo del siglo XXI, dirige a los políticos para servir al oligarca correspondiente que les despoja de toda la humanidad que se supone antes tenían en pro de sus pueblos. Y estos políticos pierden la humanidad porque, cuando dejen los cargos que hoy ostentan, tendrán asegurada una vida cómoda para ellos y para varias generaciones de sus descendientes. Sin importarles quien se despeña por el barranco del limbo.

De esta forma pasan a ser políticos que engañan a todos los que están sentados en la mesa, sin considerar que los comensales sean recalados o nativos. Ya que todos son necesarios para sus fines, los primeros como mano de obra barata y los segundos por que se adecuaran a esa mano de obra barata.

Allá por el año 1973 asistí en Barcelona a una conferencia que, por desgracia, no recuerdo quién era la persona que la daba. Tampoco me viene a la cabeza el motivo por el cual asistí, pero creo recordar que fue por un amigo que vivía en la misma pensión que yo.

Él era estudiante y procedía de Zaragoza. Y como era socio de la Casa Regional de Aragón, todos los domingos comíamos, bien y barato, en la sede que estaba en una bocacalle de la Rambla de Santa Mónica en Barcelona.

Como digo, creo que él fue quien me habló de esta conferencia. Pues bien, en esta disertación escuché decir al ponente: «Sucederá aquí lo mismo que ocurrió con la caída del Imperio Romano y la invasión por los bárbaros de todo el imperio, incluida Roma. También vendrán los nuevos “bárbaros” a invadir Europa».

En aquel momento no entendía lo que quería decir, pero hoy ya lo entiendo…

En quince años apenas quedarán supervivientes de mi generación. Pero ellos verán, si tienen capacidad mental para hacerlo, la esclavitud que vivirá esta tierra destinada al disfrute de «cuatro» oligarcas mundiales que tendrán siervos de muy distinto pelaje y condición. Pero esclavos, al fin y al cabo.

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja.



 

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