

NO HAY VICIO QUE NO ENCUENTRE APOLOGISTAS EN UNA SOCIEDAD CORROMPIDA.
Antonio de Solís y Ribadeneyra
¡ESPELUZNANTE COINCIDENCIA!
- 1975 DICTADURA Franquista, 2024 DEMOCRACIA Socialista -
¡Mas rápido de lo que nadie esperaba!
Pues aquí estamos, con lo que nadie quería creer, pero que muchos, aunque insuficientes, barruntábamos.
Estoy imaginando lo que pensarían, sentados alrededor de una mesa redonda en la casa principal del sectarismo socialista, los que en el año 2018 se postularon sin fisuras para hacer realidad el proyecto del entonces «renacido político», hoy convertido casi en un autócrata. Todos ellos escuchando las estrategias y los beneficios que aportarían a los allí reunidos. Lo imagino porque solo necesito observar los cambios de cualquier índole, que se suceden como un torrente, sin poder hacer nada para parar los hechos, que son cambios impuestos. Sé que los hechos no siempre tienen que ser como uno los imagina, ni siquiera como a veces los vemos. Solo que, cuando son actos forzados, el final, sea cual sea, será muy pernicioso.
Muchas son las discusiones políticas que he tenido con todo tipo de personas. Cuando la discusión llegaba a un punto sin salida, ahí se paraba y la relación se rompía para siempre.
En una ocasión, en noviembre de 2017, sentados mientras disfrutábamos de una comida en un pequeño pueblo de la provincia de Burgos, unos pocos agraciados en aquel lugar privilegiado, después de acabar el suculento cocido castellano, regado con un buen Ribera del Duero, entablamos una charla sobre política a propósito de lo que sucedía en Cataluña. Llegado el momento en el que el vino debió de hacer su efecto, junto con la satisfacción de la comida, los allí reunidos no podían controlar el verbo ni los sentimientos. Habló el personaje más importante de los que formábamos aquel pequeño grupo, un científico y estudioso de la evolución, quien dijo: «Yo soy comunista, independentista y antiespañol». Otro le preguntó: «Entonces, ¿qué haces trabajando en esta tierra? Y respondió: «Viviendo de la Junta…».
Así que creo que este podría haber sido el pensamiento de los socialistas en el año citado y las consecuencias las veremos si llega a consumarse.
¿Que no sirven para nada mis pensamientos? ¿Que no dejan de ser una ilusión de mi cerebro? Lo sé, pero son mis pensamientos y me reconforta poder expresarlos mientras pueda.
Imagino, solo imagino, claro, a un gurú de ese longevo partido político, y su conglomerado, de esta guisa:
El proceso lo tenemos claro, no hay prisa. Llegaremos a conseguir que el pueblo español se rinda, es algo natural. Los resortes que hoy tienen, en pocos años dejarán de tenerlos. Además, la derecha en la que creen muchos ciudadanos ya está dividida, sometida y resignada.
La monarquía será nuestro juguete roto. Este punto desmoralizará más a los que aún creen que se podría hacer algo para pararnos. El plan está saliendo de maravilla y seguirá así mientras no nos relajemos. No se pueden dejar cabos sueltos ni permitir versos libres.
Durante el tiempo que nos queda solo nos falta someter a la prensa, puesto que la que queda con capacidad de hacernos crítica ya es residual. Pero esta no tiene recursos económicos y tendrá muchos menos en lo que nos queda de legislatura. A continuación, pondremos el foco en la Justicia, que ya lleva bastante tiempo cociéndose en el horno muy bien condimentada. Con estos controles absolutistas, la obra ya estará casi terminada. Somos como la termita incansable, que todo lo perfora.
Digo «casi terminada» porque solo quedarán las redes sociales. Sin embargo, con la recaudación del dinero de los excesivos impuestos que tenemos implantados, y los que implantaremos según nuestras necesidades, podremos comprar a las grandes compañías de las redes para que pongan el filtro selectivo de las críticas que puedan hacernos daño.
En el cóctel que estamos diseñando entra todo lo necesario para perpetuarnos en el poder, incluidos nuestros maestros soviéticos, chinos, cubanos, bolivarianos, chavistas y demás socios de nuestra ideología absolutista disfrazada de progresismo woke.
En Europa hemos ido desarmando poco a poco los principios establecidos como sociedad occidental, que consistían en los principios judíos, griegos y romanos. Todo eso se resumía en una cultura del Occidente cristiano. Entonces, ya que esta forma de vida obstaculiza el desarrollo del proyecto socialcomunista, que nació en 1917 con la revolución roja en Rusia, tenemos que acabar con todo lo que no sea socialista. Y para eso se necesita no tener escrúpulos a la hora de tomar decisiones, aunque nos llevemos por delante a media España o, más allá, a Europa entera.
Un punto clave es la invasión de la inmigración de procedencia árabe o norteafricana. Estas difícilmente aceptarán lo establecido en el Reino de España y, por ende, en los países democráticos de Europa. Los que entran desestabilizarán todas las sociedades y habrá enfrentamientos contra ellos; pero, como no podrán combatirlos por la inacción o nuestra oposición, culparemos de racistas a los que se atrevan a señalar a nuestros protegidos.
Los propios migrantes se enfrentarán a nuestros opositores. Mientras tanto, nosotros les iremos cargando todas las mentiras posibles, que irán incluidas en el relato del fango que tenemos elaborado, así como la reiteración de la eficiente palabra «fascismo». Incluiremos, de una manera suave y delicada, la «cultura woke», que muy poca gente sabe lo que significa. Y lo que no se sabe, o se acepta por no hacer el ridículo o se hace un frentismo contra ello. En cualquier caso, ambas decisiones nos benefician.
No podemos desfallecer, en ningún momento, ante una situación delicada o comprometida, pues se generará un nuevo escándalo. Aunque este provoque más zozobra y malestar entre los ingenuos ciudadanos, eso irá tapando todo lo que hemos ido haciendo gracias a nuestro proyecto.
Desatenderemos todas nuestras obligaciones y solo hablaremos de lo que nos beneficia. Y, de lo que no, que se lo trague la extrema derecha, pero con una lluvia constante y diaria de porquería sobre ellos. No tenemos que decir la verdad en ningún caso. La mentira es más efectiva y altera en grado sumo la tranquilidad de los ciudadanos sumisos, quienes, llegado ese momento de miedo, aceptarán cualquier propuesta que hagamos.
Las cárceles tienen que ser un caos; las mujeres serán violentadas; los okupas, defendidos; los violadores, liberados; los ladrones, perdonados y, en algunos casos, premiados. No debemos dejar ni un solo rincón sin control para obligarles a elegir entre nosotros o la extrema derecha. Nuestro mantra no puede decaer. Tenemos que romper España en mil pedacitos (los independentistas están deseando colaborar, pero no les saldrá gratis). Aunque eso nos lleve a una guerra civil o a un nuevo Frente Popular, hemos de hacer todo lo necesario para que nunca más podamos perder el poder.
Las escuelas de infancia permanecerán a nuestra disposición, como dijimos: «Los niños son del Gobierno, no de los padres». Y para que eso sea una realidad tenemos que sacar a los profesores que se opongan a nuestras doctrinas, hasta tal punto que en las clases de la más tierna infancia impondremos la confusión. Lo conseguiremos introduciendo la imagen y el discurso del colectivo trans, que está dentro de la cultura woke. Vestidos de tal uso darán clases y cuentacuentos con nuestro programa de desestabilización social. Además, otorgaremos derechos a los niños de otras culturas y se los quitaremos a los niños que tengan los propios de la cultura del Reino de España, es decir, no daremos respiro al cristianismo.
Hemos de crear tal caos que no les quede tiempo para pensar en nada que no sea en cómo salir de tal situación. Como el pueblo no podrá hacer nada, ya que creerá (y será verdad) que los que gobiernan están legitimados porque el pueblo los ha votado, podremos permanecer en el poder, sin oposición, las décadas que nos permita nuestro control y la ayuda de las oligarquías, que están deseando imponer sus planes de control económico mundial. Ese es un punto débil del proyecto; pero, mientras cada uno esté en su sitio, podremos avanzar en nuestro propósito.
Si hubiese revueltas en la calle, que serían de poca intensidad, aplicaremos las palabras de nuestro creador Lenin: «Contra las almas, la mentira; contra los cuerpos, la violencia».
Y cuando todo esté bien armado incluiremos en el cóctel el terrorismo islámico, es decir, el patrocinio procedente de Oriente Medio. Para más sustancia, incluiremos la lucha antisemita contra lo judío o sus defensores. Todo junto en el desastre de Occidente.
Así que, camaradas, esto es el socialismo. Estamos en el buen camino para consumar nuestro poder en toda Europa, puesto que allí, en Bruselas, tenemos un montón de infiltrados al servicio de nuestro proyecto, que no es otra cosa que el absolutismo. Para ello no importa que las sociedades estén sometidas, sino que deben estarlo. No olvidemos que tenemos a nuestro favor la inmigración descontrolada, que pacientemente introduciremos en todos los rincones de España. En Europa ya está… Esto, junto con los escándalos de todo tipo, incluidos los propios y los de familiares, metidos en ese mismo cóctel para que así consigamos la ruina y el caos. Ese será el momento de apretar los tornillos para que la sociedad no se revuelva contra nosotros, los creadores de un socialismo total.
Hagamos lo que hagamos, ya no podrán pararnos. De esta forma tan metódica podremos permanecer siglos, no como Franco, el pobre hombrecillo que solo fue capaz de estar cuatro décadas después de ganar una guerra civil incentivada por gente de nuestro sector. Utilizaremos, siempre sin remilgos, ese hecho histórico para mover al rebaño en la dirección que nos interese.
Aun siendo producto de mi imaginación, no se puede cuestionar la facilidad del camaleón para engañar a todo dios viviente. Esto es lo que muchos intelectuales, periodistas, filósofos, militares, funcionarios, miembros de la Justicia, e incluso practicantes del clero, se creen cuando escuchan la verborrea de las ferias ambulantes socialistas.
Hace poco tiempo pensaba que yo no vería esta transformación, que iría más lenta y sucedería cuando yo ya estuviese muerto, pero parece que también en eso me he equivocado. Una vez más, ¡qué le vamos a hacer!
Pues si tengo que vivirlo, estoy dispuesto a afrontarlo con dignidad. Me llevaré de este mundo lo aprendido y restaré toda la maldad que la fuerza me dé de sí. Mientras tenga raciocinio y voz para hablar, hablaré con claridad, aunque esté en un desierto y no tenga ni oídos que me escuchen ni agua para poder refrescarme las cuerdas vocales.
La historia está llena de personas absolutistas, porque no es solo el tirano dictador quien hace la obra, sino todos los que se lo permiten y lo alientan a seguir con ese sometimiento del ser humano. Lo son porque ven este mundo sin piedad, y cuando el hombre pierde la piedad le da igual el ser que tenga que pisar.
Se decía que los indios americanos no tenían alma. Lo mismo ocurrió con los negros esclavizados de África. Como tampoco los perros y, además, que no sentían... El tiempo ha demostrado que sí tienen alma y también sienten.
Habría que preguntarse: «¿Quién decía eso? ¿Qué es el ser humano para esta gente? ¿Cómo ven al resto de las personas?».
¿Son humanos los tiranos, los dictadores, los sátrapas, los reyes, los oligarcas, los papas y demás sectas, incluidos los políticos absolutistas? Porque no quiero creer que, como en la canción de Joan Manuel Serrat La bella y el metro, «el diputado ve carnaza».
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja
Susan Sontag: "El comunismo no es sino la forma lograda del fascismo"
Este es el cuarto capítulo de la colaboración de El Confidencial con la revista Quimera a través de las entrevistas que publicó en los años ochenta a grandes escritores. Un rescate de la mejor tradición de las entrevistas literarias, que son también un reflejo de cómo era entonces el país y de las ideas que aparecían en los debates. Esta entrevista a Susan Sontag fue realizada por María Dolores Aguilera y apareció en el número 19 de la revista, en mayo de 1982, donde se reverbera la porosidad de una mente para la que sexo y novela guardan su antiguo suspense.
R. Y en varias ocasiones; sí es la hora del balance, de intentar comprender por qué la gente más noble de este siglo (los sinvergüenzas no me interesan) ha seguido como un ideal un sistema que es una abominable tiranía negándose a creer lo que contaban quienes venían de allí. El comunismo no es sino la forma lograda del fascismo. El fascismo fracasó, el comunismo ha sido un éxito, entre otras cosas porque ha sabido atraer, engañar, a millones de personas y esa mistificación me parece mucho más que una tristísima decepción. Es una tragedia de enorme importancia. Si en los años cuarenta y cincuenta se decía, es verdad, las cosas no son como imaginábamos, pero no podemos decirlo, pues haríamos el juego a la derecha, hay que decir que la derecha tenía razón, simplemente. Sobre todo en Europa y EE.UU. tras la última diáspora de disidentes, después de Afganistán, ahora con Polonia, se asiste a un verdadero desvelamiento de lo que es el comunismo y la gente ya no cree como antes. Lo que me escandaliza es comprobar que en América Latina (y es uno de los focos de inteligencia más importantes del siglo) hombres cuya obra admiro en extremo como es el caso de García Márquez y Cortázar defienden Cuba, la Unión Soviética. Su postura política, su ceguera ante el comunismo me escandaliza. No entiendo cómo puede hacerse aún la apología de Cuba cuando, proporcionalmente, es el país del mundo donde más presos políticos hay. Ni que García Márquez visite a su amigo Fidel Castro y no consiga que sea puesto en libertad un poeta como Armando Valladares, encarcelado cuando tenía veinte años. Cito su caso, que me parece escandaloso, me pone enferma, por ser muy conocido, pero hay otros muchos. Lo que Castro ha hecho con Valladares, ni siquiera Mussolini lo hizo a Gramsci; más civilizadamente, Mussolini permitió que, mientras estaba en la cárcel, Gramsci escribiera, recibiera a su familia, etc. Absolutamente nada puede justificar el hecho de que Valladares siga en prisión durante treinta años. Siguiendo con América Latina, entiendo perfectamente su alergia visceral al imperialismo norteamericano, pero creo que ninguna oposición a ese imperialismo, perfectamente condenable, puede justificar la complacencia con una tiranía mucho peor. Me parece indignante que un hombre, un intelectual como Octavio Paz, sea tildado de sucio reaccionario, en el mejor de los casos, cuando se trata de un liberal en el sentido más amplio del término. No ya ideológicamente (rechazo del capitalismo, promoción de un hombre nuevo y de nuevas formas de convivencia comunitaria, fraternidad entre los obreros, politización del intelectual, que se considera subversivo mientras no demuestre lo contrario, inexistencia de sindicatos...) no ya desde el punto de vista ideológico, repito, en la práctica, fascismo y comunismo son lo mismo, la misma tiranía. Eso se sabía en los años veinte (Serge) y en los treinta (Gide) y nadie hizo caso, al revés. Releer ahora lo que Gide escribió, y por lo que fue despreciado, calumniado, es toda una lección.


