FRENTE
REVERSO
Recuerdos que te dan vida.
¡Fíjate bien Galcerán…! Mira lo que he encontrado revisando las «fotos», que era como llamábamos entonces a las fotografías. Ésta nos la hicieron en 1962, y fue tomada en la «leona del puente», un muy simbólico y emblemático lugar del marquesado por la impresionante vista que desde allí puede apreciarse de nuestra singular fortaleza, de las iglesias y del río.
Como puedes ver, yo tenía en mis manos una garrafa de vino forrada de mimbre, ahora lo puedes mirar con más detalle. Me correspondía a mí la labor de ir a buscar el vino a la bodega, y la verdad es que lo hacía con agrado, porque esto también era un acto social. En el camino a la bodega me cruzaba con mucha gente, y habitualmente con alguna de ellas me paraba para que entablásemos alguna pequeña conversación.
En este caso, como digo, nos encontrábamos en el lugar emblemático del marquesado, típico cruce de un puente y de aceras muy estrechas, por el que las chicas volvían del colegio de las monjas de Santa Ana, y por el que yo, después de salir del colegio, pasaba para ir a la bodega a comprar el vino.
Ya en la bodega, aquello era todo un ritual. Me atendía el señor Ángel Díez, y juntos bajábamos por una larga escalera de piedra hasta su vientre. Era estrecha, y tenía muchos escalones. En aquella bodega existía un magno cruce de pasadizos y apartados con grandes cubas de vino. ¡Ya solo el olor te alimentaba!
¿Sabes…?, cuando la garrafa se estaba llenando y se formaba espuma que hacía que se derramase el preciado licor, el señor Díez enseguida pasaba su dedo por una pastilla de jabón para después tocar la espuma que, al instante, desaparecía para continuar con el llenado de la garrafa.
Lo curioso de esta fotografía es que fue la primera vez que nos hacían una fotografía en color; fue en mayo de 1962. Pero claro, nosotros no lo sabíamos…
Resulta que en aquella época pocos eran los turistas que se paseaban por las calles del marquesado. Pero dio la casualidad de que por allí apareciera una joven pareja que para nosotros eran muy adultos, pues tendrían entre 35 o 40 años. Por su atuendo y sus rubios cabellos no parecían de la zona, y fijándonos en ellos comprobamos que llevaban dos cámaras colgadas de sus cuellos. Les hicimos gestos para que nos hicieran una «foto» y nos hablaron en un castellano fluido, pero con acento extranjero. Ni cortos ni perezosos les pedimos que nos «tirasen una foto» y… ¡dicho y hecho!
Como bien sabes, nosotros no hablábamos ningún idioma, salvo el español, y mal… Pero tuvimos la suerte de que ellos sí lo hablaban.
Bueno…, lo cierto es que nos hicieron la fotografía y nos pidieron «nuestras señas», que es como se llamaba entonces a la dirección postal. Y se la dimos, recibiendo a los dos meses, cada uno de los participantes, una «foto» con la lectura que puedes ver en la parte de atrás.
Kodak en 1942 comenzó a producir películas negativas en color, de las cuáles podían obtenerse, también en color, copias positivas. Era la llamada Kodacolor. Aquí, en el marquesado, aún no se conocía este adelanto fotográfico. Por eso, cuando la recibimos fue como un gran premio.
Otra curiosidad de la fotografía es la persona que se ve detrás. Como puedes observar, abajo puedes reconocer un cartel donde se lee: -LA CASERA-. Es curioso porque, como sabes, es una marca de gaseosa, pero aquello era una carnicería, y la dueña se llamaba Sra. Derechina.
Ya ves, aquellas personas que nos hicieron las «fotos» eran americanos, y nosotros sin saberlo. Y mucho menos sabíamos que nos las fueran a mandar después.
Así que ésta fue mi primera fotografía en color, recuerdo que me hace revivir el principio de mi pubertad que, dicho sea de paso, fue muy satisfactoria (imagino que como la de todos, al ser la época de los descubrimientos…).
¡Qué cosas nos da la vida, Galcerán!
MARQUÉS DE PINOFIEL Y DE LA GLORIA FLOJA




