La bella casa parroquial y la plaza de chicha y nabo
Hace muchos años, un alcalde del marquesado tuvo la brillante idea de colocar, delante de la casa parroquial, unos contenedores de basura para que los vecinos pudieran llevar a cabo el reciclaje que estaba imponiéndose por todas partes. Mirando dicha casa de frente, a la izquierda se encontraban los contenedores de colores; a la derecha, soterrados, tres preciosos contenedores modernos de basura orgánica. Para disfrute y comodidad de los vecinos, estuvieron implantados en el mismo sitio durante bastantes años. Hubo quejas de que aquella idea del alcalde, hecha realidad, afeaba la calle más importante de Peñafiel. Sin embargo, nuestros políticos fueron incapaces de rectificar, prefirieron aguantar las quejas y las cartas dirigidas a la casa consistorial sobre esos útiles decorativos colocados al pie de una de las pocas casas señoriales que aún nos quedan en el casco antiguo.
Más tarde, después de numerosas quejas vecinales, llegó algo que les hizo reflexionar: se dieron cuenta de que por un puñado de votos habían perdido el poder. ¡Oh, bendito poder! Nadie lo esperaba, ni los de un lado ni los del otro, pero ese algo precipitó las cosas y dio la vuelta al calcetín, que tenía un poco de roña pegada a su tejido. En ese momento se decidió meterlo en la lavadora y tirar el agua sucia que desprendió la tupida prenda.
Pasaron cantidad de cosas en el consistorio de nuestro marquesado, algunas de vital importancia para que la lavadora que limpió el calcetín limpiase el resto del traje. La técnica que se utilizó para aquella segunda limpieza no fue la más adecuada. Se mezclaron todo tipo de textiles, incluyendo lanas y distintos colores. El resultado fue un auténtico desastre. Siguiendo con el símil textil, cada uno hizo de su capa un sayo y la cofradía se convirtió en un carnaval.
Ante tanta confusión, nadie quería ceder, ni siquiera respetar lo que se había pactado cuando se ganó el traje. Lo más importante que se pactó fue que, antes de ponerse el hábito, se hiciera un análisis cuidadoso del estado de tan deseado uniforme, es decir, una auditoría exhaustiva, empezando por los zapatos y terminando por el sombrero del consistorio. Vamos, el Ayuntamiento de Peñafiel.
Pasó el tiempo y el ambiente se volvió irrespirable. El traje se desgajó y una manga se separó de la chaqueta. El resto se intentó coser y se procuró agregar trozos de tela de otras prendas. Pero, por mucho que se intentaba, seguía faltando la manga. Hasta que un día la manga vio que, después de haber dado la vuelta al calcetín y haberlo lavado, lo que quedaba era peor que el traje (aunque sucio) que había.
Y las aguas volvieron al antiguo cauce, aunque ese no fue el objetivo. Aquello resultó un mal menor y, además, el alcalde aprendió que un puñado de votos puede moverte la silla…
Sigamos con los contenedores. Los de colores fueron retirados y el pueblo lo vio con buenos ojos. No obstante, continuó el problema con los soterrados, que han seguido anclados, con sus rótulos de basura, hasta hace tan solo tres meses, a pesar de que su retirada se aprobó en pleno por una moción de la oposición. Hoy, por fin, este espacio tan emblemático está libre de los elementos que afeaban el paseo, tan concurrido por nativos y forasteros, ya que conduce a la plaza única del Coso.
Existe otro asunto, muy cuestionado por los vecinos, que supone también la incomprensión de los forasteros que pasan por la plaza, que yo denomino «de chicha y nabo»: su falta de gracia, frialdad y su fuente casi de juguete, amén de la propia falta de sustancia histórica, puesto que está a veinte metros de la mencionada casa de los curas. Asimismo, la plaza se encuentra en medio de tres casas señoriales, que aún se conservan en ese trozo de la calle Derecha al Coso.
Como dijo el primer edil de la oposición en una de sus últimas intervenciones en la radio que opera en el marquesado: «Esto es lo que traen, señores, las mayorías absolutas, tengo que decirlo así», aunque no se refería a la plaza de chicha y nabo. Cierto, señor concejal, pero también sirven para otras cosas, como quiero pensar que usted conoce, ya que su curiosidad llega más lejos que su carrera política en el marquesado. Considero que no le será indiferente lo que hace el partido al que usted, por descarte y adopción, representa, es decir, por conveniencia mutua… La necesidad hace extraños amigos.
Probablemente le fuese mejor al pueblo si este concejal aportase con fuerza lo que tiene dentro. No todos los que merodean por el consistorio son dignos de vestir ese traje; pero eso es lo que trae poder votar, para lo bueno y para lo malo. El votante nunca se equivoca.
Señor concejal, quédese con lo que más le convenga.
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja



