

¡Ay, de vosotros, doctores de la Ley!
Que cargáis a los hombres con cargas que no pueden llevar. Mas vosotros, ni con un dedo tocáis las cargas…
(JUAN, Capítulo II, Versículo 46.)
¿Existió el Sahara o fue una ensoñación, como ocurrió con la «Repúbliqueta» catalana?
Pue sí, existió, y estuve en el norte de África durante la marcha verde, en el año 1975, año en el que, agonizante ya, murió el dictador.
Después de la invasión de Marruecos y Mauritania al territorio del Sahara Occidental, y en pleno proceso de la retirada de España de esa región, se fue gestando la guerra de Marruecos contra el pueblo saharaui.
El Frente Polisario venía luchando contra las fuerzas españolas desde 1973, pero en el periodo de 1975 a 1991 se produjo la guerra mencionada contra el pueblo saharaui por parte de Marruecos, con una devastadora pérdida para los primeros, siendo bombardeados por las tropas marroquís, sin piedad, en los campamentos de los desplazados saharauis que se instalaron temporalmente en Um Draiga.
Ese acto provocó la muerte de 3.000 saharauis. Pero eso no podía abrir telediarios, porque en aquella época existían pocos medios televisivos, y los que había estaban controlados y pagados, de la misma manera que hoy, por los políticos de ese principio de la democracia. Y sí, teníamos a las Mama Chicho… Y aunque las constantes tormentas de arena del desierto no dejaban que viésemos ese abandono provocado, nos conformábamos con ver a las Mama Chicho constantemente. Aunque bien pensado, si lo comparamos con los «Sálvames» actuales no sé cuál es peor. En cualquier caso, lo cierto y tangible es que el pueblo saharaui sigue estando ahí, abandonado y sin importarle a nadie lo más mínimo.
Aunque ya en la recién nacida democracia española hubo mucha gente que se manifestaba bandera en mano con la lectura «SAHARA LIBRE», parece que aquello no fue suficiente para que paulatinamente fuese cayendo en el olvido, sufriendo una indiferencia absoluta hasta nuestros días por parte de los países implicados en el conflicto, incluido España. Solo le importaba a Marruecos, pero no en el sentido de ayudar, obviamente, sino por el interés del sometimiento absoluto de ese pueblo dejado de la mano de Dios.
El famoso referéndum que tanto apoyaron muchas naciones, entre otras España, nunca se produjo… Pero aún se mantenía la esperanza de que se celebrara algún día, esperanza que se desvaneció cuando llegó el autócrata de este reino que, sin consultar con nadie, se puso directamente al lado de Marruecos. Así, sin más, ¡porque yo lo valgo! ¡A ver… ¿de quién depende el pueblo saharaui…? Pues ya está…
Qué poca ayuda se dio a este pueblo que malvive en sus tiendas de campaña en un campo de refugiados en «tierra de nadie», arrinconados y sin ningún atisbo de cambio.
Hubo un tiempo en que los padres españoles facilitaban la llegada de niños saharauis a España con el fin de darles como mínimo un verano más humano, llegándose incluso en algunos casos a ser adoptados por estas familias. De esta forma se quedaron aquí, entre nosotros, como ciudadanos de pleno derecho. Esta obra fue de una generosidad indiscutible, ya que no existían ayudas (tan prolíferas como las que existen hoy) de los gobiernos de turno.
Sí que me gustaría saber qué piensan ahora estos ciudadanos tan comprometidos con este pueblo ignorado y maltratado por occidente, al comprobar que los más responsables de este abandono son las actuales clases políticas que tanto agitaban la bandera del «Sahara Libre». ¿Dónde ha quedado todo este movimiento? No lo sabemos, pero lo que sí sabemos es que la memoria de las izquierdas vuelve a ser de plastilina, así que se esconde y… ¡a otra cosa mariposa!
Cuántos pueblos están en estas condiciones en la bola del mundo, y cuántos son utilizados para los «juegos de trileros de los políticos». «Los gatos, los políticos y los abogados viven de los descuidados». Algo de verdad debe de haber en este dicho popular, a juzgar por los hechos de la vida cotidiana.
Sáhara, existes pero no te vemos. No es porque no queramos, tampoco porque no nos importes; es porque la bota que tienes encima del cuello la utilizan los políticos según su conveniencia.
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


