ÉRAMOS POCOS Y PARIÓ LA ABUELA

La juventud de Castilla y León

 

A la izquierda en el fondo, su destino

 

Éramos pocos y parió la abuela

En los albores de nuestra democracia se produjo un hecho coincidente con lo ocurrido ahora con la petición de la autonomía uniprovincial para León. Concretamente, la provincia de Segovia libró una ardua batalla en las exigencias reivindicativas por ser una autonomía sola. No quería formar parte de ninguna otra de las ya conformadas ni de la que aún faltaba por definir, que era Castilla y León.

Se barajó la adhesión de Segovia a Madrid por cercanía geográfica, pero los políticos segovianos de la época se negaron y siguieron luchando para conseguir su objetivo. Llegado el momento de una decisión pactada, y dado que resultó imposible convencer a los obcecados políticos segovianos de UCD, hubo que recurrir a presionar al Gobierno de Felipe González y al rey Juan Carlos. El argumento fue: «Por el bien del Estado».

De esta forma, se impuso a Segovia la adhesión a la última comunidad que se formó en el Estado de las autonomías de España: Castilla y León.

En este caso, los políticos Modesto Fraile y Carlos Gila, junto con una mayoría de alcaldías de pueblos (Ayuntamientos), no de ciudadanos, que estaban al lado de los dos políticos incentivadores de este hecho, se quedaron con la miel en los labios y no pudieron conseguir su apetencia.

Desde entonces han transcurrido cuatro décadas y en este largo periodo no ha sucedido un hecho similar en todo el Estado autonómico, salvo el desafortunado acto de independencia de la Comunidad Autónoma de Cataluña al intentar (o) dar un golpe de Estado contra el Reino de España.

Sin embargo, ahora, precisamente ahora, se declara la necesidad imperiosa de «León, autonomía uniprovincial». ¿Qué ha pasado en todo este tiempo con ese silencio de mansedumbre de los hoy agraviados y revolucionarios leonesistas? En el caso de Segovia, se apuntaba a intereses personales de algunos políticos, es decir, querían montarse su pequeño reino de taifas, para, como se suele decir, «yo me lo guiso, yo me lo como». En este caso, fueron diligentes a la hora de pedir, como también Santander, Logroño y Murcia. Estas sí consiguieron su reino de taifas; pero, al parecer, Segovia no estaba a la «altura…».

¿A qué viene hoy esta exigencia de los leonesistas? Con el añadido de que pretenden utilizar un idioma que, si no lo es, parece inventado, dando a entender que en cualquier sitio mejor que con Castilla. ¿Estarán pensando adherirse a Galicia? Lo digo porque como tiene un idioma distinto al castellano… Resulta un argumento poco consistente. No quiero imaginar que, si lo consiguiesen, lo próximo sería pedir la independencia del Estado español. Para eso ya están los catalanes y los vascos, quienes llevan muchísimos años tocando la fanfarria y aún desentonan.

Me gustaría saber cuáles son los objetivos de los leonesistas, porque, al igual que toda Castilla y León es el fondo de la escupidera (de oro) de los antiguos bares del Oeste americano, León solo no llega a ser el culo de la escupidera de hojalata. Así que el interés no puede ser otro que político. Siendo este el motivo (según mi criterio), ¿a qué políticos obedecen? Esa no puede ser la solución. Y no puede serlo porque, si se divide lo que ya hay, será mortal para todos, pero la primera que morirá será León.

Copiando a los catalanes, dicen que «Valladolid nos roba». No es por nada, pero ¿no es un poquito tarde, queridos leoneses? Habéis tenido representación en las Cortes de Castilla y León con un partido llamado Unión del Pueblo Leonés. ¿Entonces no teníais lengua? Porque altavoz y prensa sí teníais; pero, claro, supongo que hoy tendréis ganancias que entonces no teníais y por eso los motivos son más exigentes.

No creo que hoy esto se deba a intereses personales por amor a León, si bien sería lo deseable, de corazón. Puede que sea envidia, es probable, aunque reitero que el verdadero interés debe de ser político. De ser así, estamos de nuevo ante una venta al mejor postor, que no es otro actor que la izquierda actual, a quien favorece en este momento la petición de los leonesistas. Parece ser que si no ganamos la partida en el tablero común, lo rompemos y ni para ti ni para mí.

Vamos, como el caso de la venta de paja de Tierra de Campos. Me contaba un amigo catalán, ganadero y necesitado de paja para su ganado en su explotación en la provincia de Lérida, que venía en los años 80 a comprarla a Castilla, en concreto, a Valladolid. En los campos de la estepa trató con un agricultor para la compra de la mercancía que necesitaba y preguntó al sufrido labrador: «¿Cuánto me cobras por tonelada? «Tanto», dijo el agricultor. Y le contestó el catalán: «Eso es carísimo, tendré que mirar a qué precio me lo dejan otros agricultores». A lo que enseguida respondió el vendedor: «Bueno, te rebajo un 30 %, pero con una condición: tienes que decir que me has pagado menos de lo que hemos pactado».

Esto me lo contaba porque no entendía el proceder de esta tierra, en la que parecía que uno prefería quedarse tuerto, pero que el otro se quedase ciego. Y el catalán me decía, con toda lógica, que habría sido más inteligente que todos los agricultores de la zona se hubiesen puesto de acuerdo para vender la paja al mejor precio. «Así es, pero tú no sabes que en esta tierra se tienen tiña entre ellos, es decir, envidia por lo que tiene el otro y, claro, siempre gana el que viene a comprar», le dije.

Así están…, en los años 50.

Todo esto es para decir a nuestros queridos leoneses que solos no serán ni un grano en el culo del obispo de Astorga, así que mucho menos en el culo de la comunidad.

No os roba nadie de Castilla y León, nos roban a todos los de siempre, y lo hacen porque nosotros, las nueve provincias, estamos mirándonos el ombligo y no vemos más allá de nuestras miserias. Nos conformamos con fastidiar o dificultar la vida del vecino, que debería ser nuestro aliado en lo que concierne a la convivencia de la comunidad.

Tenemos lo que tenemos y deberíamos estar orgullosos de ello. Además de pensar menos en cómo hacer daño al paisano y proteger la herencia de nuestros antepasados, que eso no lo tiene nadie y separados nos lo pueden quitar. La historia está llena de ejemplos. Uno de los más recientes, en plena democracia, fue el saqueo del Archivo de Salamanca. Teniendo en cuenta la observación vigente de que si se cierra un negocio en esta tierra no se vuelve abrir.

Lo triste, sufridores leoneses, es que no tengáis ojos para ver las dificultades de sobrevivir en estos parajes, ya que me parece muy fácil apreciar que los jóvenes no existen. Como dijo un sabio exalcalde de Valladolid, que ha llegado a ser ministro del actual Gobierno socialista: «Castilla y León es un geriátrico al aire libre», o algo parecido… Qué más da.

Dejad de perseguir prebendas y arrimad un poco el hombro, aunque solo sea promocionando la natalidad, puesto que la estadística dice que cada año tenéis menos habitantes: 462 496 en 2019 y 447 185 en 2024. ¿De quién es la culpa? No creo que sea de Valladolid, pues, igual que todas las provincias de Castilla y León, pierde población. ¿No será culpa de todos, incluido León?

¿O tenéis alguna promesa del repartidor de las prebendas? Quizá si conseguís ser independientes os conceda los beneficios del cupo vasco o recaudar todos los impuestos, como a Cataluña, del escaso medio millón de habitantes de vuestra envidiable provincia. Estoy seguro de que con ello podríais conseguir llegar a ser la Manhattan de España.

Nadie podrá quitaros que León es la cuna de las primeras Cortes conocidas de la historia, celebradas en el año 1188, pero eso no es suficiente como para vivir solo de ello. Deberíais pensar en cómo terminan los divorcios en los juzgados… A veces es más inteligente dejar a un lado las envidias y pactar un acuerdo justo.

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


 

 

 

 

 

 

 

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