
CAPÍTULO XXXI
Los generales romanos jamás fueron castigados severamente por las faltas que cometieron, ni tampoco cuando por ignorancia o malas determinaciones ocasionaron daño a la república.
No solo fue la romana, según hemos dicho, menos ingrata que las demás repúblicas, sino también menos severa y más parca que éstas en castigar a los generales de sus ejércitos. Si éstos erraban por malicia, los castigaba humanamente; y si por ignorancia, en vez de imponerles penas, les daba premios y honores.
Este proceder de los romanos era atinado, pues juzgaban de tanta importancia para los que tenían el mando de sus ejércitos la libertad de pensamiento y acción y no sujetar sus actos a consideraciones extrañas, que rehusaban añadir a lo que era por sí difícil y peligroso nuevas dificultades y peligros, convencidos de que, en caso contrario, ninguno podría operar valerosamente. Por ejemplo, enviaban un ejército a Grecia contra Filipo de Macedonia o en Italia contra Anníbal o contra los pueblos que antes habían vencido, y el general a quien confiaban el mando de la expedición tenía que cuidar por lo pronto de los muchos preparativos indispensables a tales empresas, los cuales son graves e importantísimos. Si a esta preocupación se añadiese la de numerosos ejemplos de romanos crucificados o muertos de otra manera por haber perdido batallas, era imposible a este general, dominado por tantas preocupaciones, tomar una resolución animosa. Juzgando , pues, la república que, a los que en tal caso se encuentran, pena perder batalla, no quiso intimidarlos con amenaza de mayor castigo.
He aquí un ejemplo de errores cometidos a sabiendas. Estaban Sergio y virginio en campaña contra los veientes, mandando cada uno una parte del ejército. Sergio hacia el punto por donde podían venir los toscanos, y Virginio en el puesto. Atacado Sergio por los falerianos, prefirió ser derrotado, y puesto en fuga a pedir auxilio a Virginio, quien, por su parte, esperando que su colega se le humillase, antes quiso la deshonra de su patria y la destrucción de aquél ejército que prestarle ayuda. Ejemplo verdaderamente lamentable y capaz de inspirar mala opinión de la república romana si ambos generales no hubieran sido castigados. Pero su castigo, que en otra república hubiera de pena capital, en Roma fue una multa; no porque sus faltas dejaran de merecer mas dura pena, sino porque los romanos, por las razones antedichas, prefirieron seguir en este caso sus antiguas costumbres.
En cuanto a las faltas por ignorancia, ningún ejemplo mejor que el de Varrón. Por su temeridad, derroto Anníbal a los romanos en Canas, derrota que hizo peligrar la libertad de la república. Fue ignorancia y no malicia, y a causa de ello, en vez de castigarle, le honraron, saliendo todos los senadores a recibirle cuando volvió a roma. No pudiéndole premiar por la batalla perdida, le demostraron su agradecimiento por haber vuelto y no desaparecer de la salvación de la república.
Cuando Papirio Cursor quiso dar muerte a Fabio por haber librado batalla a los samnitas sin su orden, entre los argumentos que Alegaba el padre de Fabio contra la obstinación del dictador, era uno que jamás había hecho el pueblo romano con ninguno de sus generales derrotados, lo que Papirio quería hacer con su hijo victorioso.


