ENTRADA 28ª DE NICOLÁS MAQUIAVELO -OBRAS POLITICAS-

CAPÍTULO XXVII

Rarísima vez son los hombres completamente buenos o malos.

Yendo en 1505 el papa Julio II a Bolonia, para arrojar de aquel Estado a los Bentivogli, que lo gobernaban desde hacia cien años, quiso también quitar Perusa a Juan Pablo Baglioni, que se había apoderado de ella; porque el propósito de Papa era despojar a todos los tiranos de las tierras de la Iglesia que ocupaban. Al llegar junto a Perusa con esta determinación de todos conocida, sin esperar al ejército que le seguía, entró en ella desarmado, a pesar de estar allí Juan Pablo con bastantes tropas que había reunido para defenderse. La impaciente energía con que el Papa gobernaba todas las cosas le hizo ponerse con su pequeña escolta en manos de su enemigo, a quien se llevó consigo, nombrando un gobernador de la ciudad a nombre de la Iglesia.

Las personas prudentes del séquito del Papa advirtieron la temeridad del pontífice y la cobardía de Juan Pablo, no comprendiendo cómo éste desaprovechó la ocasión de adquirir perpetua fama apoderándose, por un golpe de mano, de su enemigo, y enriqueciéndose con magnífica presa, pues al Papa acompañaban todos los cardenales con sus preciosas joyas. Era increíble que dejara de hacerlo por benevolencia o por escrúpulos pues ningún sentimiento de piadoso respeto cabía en hombre tan malvado, que abusaba de su hermana y había muerto, para reinar, a sus primos y sobrinos. De esto se deduce que los hombres no saben ser o completamente criminales o perfectamente buenos, y que, cuando un crimen exige grandeza de alma o lleva consigo alguna magnanimidad, no se atreven a comentarlo. Juan Pablo, que no se avergonzaba de ser públicamente incestuoso y parricida, no supo, o mejor dicho, no se atrevió, cuando tenía justo motivo, a realizar una empresa capaz de producir general admiración, dejando de si eterna memoria, por ser el primero que demostrara a los prelados cuán poco dignos de estimación son los que viven y reinan como ellos, y por ejecutar un acto cuya grandeza habría superado a la infamia y a los peligros que llevara consigo.


 

 

 

 

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