ENTRADA 21ª DE NICOLÁS MAQUIAVELO -OBRAS POLÍTICAS-

 

CAPÍTULO XX

La sucesión de dos príncipes excelentes produce grandes efectos. Las repúblicas bien organizadas tienen por necesidad sucesión de gobernantes virtuosos, y, por ello, aumentan y extienden su dominación.

 

Cuando Roma expulsó a sus reyes se libró del peligro que corría bajo un rey débil y malvado, porque el poder supremo recayó en los cónsules, quienes, no por herencia o por intriga, ni por violencia, hija de la ambición, sino por el libre sufragio, adquirían la autoridad, siendo siempre hombres notables. Roma aprovechó sus talentos y a veces su fortuna para llegar a la mayor grandeza, en otro tanto tiempo como el que había estado bajo el poder de los reyes.

Si basta, como hemos dicho, la sucesión de dos grandes príncipes para conquistar el mundo, cual sucedió con Filipo de Macedonia y Alejandro Magno, lo mismo debe hacer una república, teniendo es su mano elegir, no dos, sino infinitos hombres de genio que sucedan unos a otros en el poder; cosa que ocurrirá en toda república bien constituida.


 

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