Defender la privacidad

«Cuando se ve que el enemigo comete una gran falta, debe sospecharse que intenta un ardid.» N. Maquiavelo

 

SUSO

 

 

 

Defender la privacidad

En el camino que hemos tomado ya no es posible defender la libertad, como tampoco lo es defender la bondad, la Gracia y la compasión. Ni siquiera es posible defender la justicia, no se puede tocar…, te callan con una mano manchada y, cuando te la  quitan, la llevarás marcada todo lo que te quede de vida. Y ésta ya nunca será igual, al haberte dejado sin nada. Y aún quieren que seas ¡feliz! ¿ cómo se puede ser feliz si eres un pobre infeliz ?

Intentemos al menos defender la privacidad:

Defender la privacidad…, como si fuera un patrimonio, como a una flor perenne, como a un hijo con problemas, como a un niño en desamparo, como a un cachorro hambriento…

Defenderla de los opresores de conciencia, de los que empujan a la exclusión, de las amenazas, de la crítica fácil y de los que mandan gracias a nuestro poder. De los muchos agoreros y logreros, de la injusticia, de la censura subliminal y, también, de los miedos que nos infunden los que utilizan el más allá.

Defenderla de los que justifican lo injustificable, de los que no son de nadie, de aquéllos a los que todo les da igual; de los que lloran por las esquinas, de los que viven sometidos sin necesidad, y de los que pagan favores para tener más.

Defenderla como a una madre, como a una tradición; Defenderla como al amor.

Defenderla con uñas y dientes, con la cabeza fresca y el corazón pausado.

Defenderla de los que pisan las conciencias y se aprovechan de la ignorancia, con irreverente soberbia; de los que apuntan con cañones huecos, de los muchos «recoge nueces», y de los jugadores de la moral. De las almas caritativas que no tienen caridad, de los que reparten pan a cambio de todo, de los que hacen que llueva cuando no tienes tejado, de los que crean necesidades cuando no se necesitan, de la manipulación del miedo, y, también, del voto del corazón.

Defender la privacidad de la tentación del oro, de la lujuria del poder, de los sillones políticos con pegamento, de los aforados y diputados; de los falsos doctores, de los simulacros de guerras inventadas, de las ventanas cerradas y de las puertas marcadas.

Defenderla de lo gratis, de lo oculto, de los que meten la mano en el cajón y te quedan sin el calzón. Defenderla incluso del insulto.

Defender la privacidad de las mayorías y de las minorías que someten a los ingenuos, de los que la utilizan en su propio nombre; defenderla de las lágrimas de payaso que te encojen el corazón, sin razón.

Defender la privacidad de los mesías que retuercen y profetizan tu voluntad.

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja.



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