Murió Castilla y nació España, año de 1521.
"CONTEMPLANDO LA MUERTE 1985"
- Medina del Campo incendiada.
- Cadalso de Villalar.
- El hacha que cortó las cabezas de los divergentes, para que España naciera.
-Tres espectadores interesados.-
- Carlos V.
- Pájaro carroñero de mal agüero originario del Reino de Aragón (Cataluña).

- Pájaro carroñero de mal agüero originario de las Vascongadas.
Han tenido que pasar 523 años para que un español felón, reparta el botín de España con
los pájaros carroñeros.
Pues bien, ¡a la mierda el «jarabe democrático»! ¡A la mierda todos!
Hace tan solo unos días publiqué en este blog el texto titulado «¡Yo quiero mucho a mi mujer!». En él se plasmaba la diferencia de la vara de medir que siempre ha existido entre las dos orillas de la brecha política en el Reino de España. Lo hice mediante un simple dibujo que puede entender hasta un niño de corta edad.
Así que esta semana hemos tenido que ver al exministro de España don Pablo Iglesias Turrión sufrir en sus propias carnes, aguantando impertérrito tras una verja, con cara incrédula y sin articular ni una sola palabra, al escuchar sus propias palabras utilizadas cuando él era escracheador y promovía esta práctica como «jarabe democrático». No solo en sus mítines y declaraciones a la prensa, sino también en su altavoz de YouTube.
En cambio, el escuadrón de guardia pretoriana que lo protegía, sí se manifestaba pidiendo que se grabaran las caras de los ahora contrarios escracheadores. Pensarían: «¡Como son fachas, no tienen derecho a nada…!». ¿Pero también quieren meter en la cárcel a los ciudadanos que libremente expresan su opinión? Bien sea a las puertas de la vivienda del político o a la entrada de un juzgado. ¡Cómo cambia el cuento! ¡Qué manera tan sucia y desvergonzada de utilizar la vara de medir!
Y resulta que en el Congreso, sentada en la bancada azul (en el asiento número tres, situado a la derecha del autócrata, mirado desde un enfoque de cámara), a una ministra se le escapó (por dos veces), cuando terminó la intervención del presidente y este tomó su asiento en la bancada azul: «¡A la mierda todos!». Eso sí, mirando orgullosa al hacedor de sus prebendas y entusiasmada por su proeza, esperando la afirmación positiva del citado dios biológico.
¿Por qué «a la mierda todos»? ¿Qué quiere decir con esa frase? ¿A la mierda más de la mitad de los españoles? ¿Solo tienen derechos ellos, los de la izquierda? ¿A la mierda el Reino de España?
Esta última pregunta es la que mejor encaja en ese exabrupto pollino de la ministra, ya que la aportación en el desempeño de esa función ha sido vacua, lo que equivale a negativo para el Reino de España. Y eso solo se entiende desde el infinito agradecimiento que tiene hacia su creador, que parece que pensó en ella también como muleta de su propósito.
¿Pero no quedamos en que cuando una espectadora del Parlamento dijo: «¡Me gusta la fruta!», que eso era intolerable? ¿Que era el mayor insulto que se podía hacer a un presidente del Gobierno? Aunque lo dijo una persona que estaba de testigo, situada en el gallinero del Congreso y lo pronunció motivado por una mentira que dijo el salvador del mundo y luchador incansable para «exterminar las malas hierbas».
Pues está muy claro que las varas de medir no son iguales en los dos lados del precipicio.
¿Cómo seguir el día a día de ese gallinero llamado Parlamento Español? Es muy cansado y nada se aprende, salvo cómo se practica el odio, además de apreciarse el nivel tan bajo que tienen los gallitos, quienes, fuera de ese coliseum, poca vida tendrían utilizando el verbo y el raciocinio, que es lo que de ellos se espera.
¡Pues nada, sigamos enfangando! Llegará el día que parecerá que estemos en la Edad Media, donde no había asfalto en las calles y, en consecuencia, tampoco existían desagües ni alcantarillas en las que tirar los excrementos y los fluidos humanos; por tanto, se tiraban directamente a la vía pública. Y esos materiales sobrantes de los seres biológicos se convertían en fango de primera clase. Quizá se refería a este ejemplo la ilustre ministra.
Estamos en el mismo sitio de siempre. No tenemos remedio.
Resulta que, después 145 años de existencia del socialismo (de todos los partidos socialistas del mundo), no hemos aprendido nada de esas ideas «revolucionarias», especializadas en la consecución del sometimiento de los ingenuos que creen en el predicamento tan destructivo del camaleón socialista, a través del relato que hoy está de moda en todo Occidente.
Venden con total impunidad que el mal está en la derecha, siendo la derecha lo peor que puede existir. Todo lo demás está bien, aunque sean regímenes en los que cualquier tipo de libertad está prohibida y perseguida, incluso si llegan a colgar a los homosexuales de una grúa en público por atreverse a manifestar lo que son. O azotan a latigazos a las mujeres hasta que sangran por no taparse bien el tobillo. Entiendo que cuando dicen «derecha» se refieren a los episodios macabros que ocurrieron en Europa a lo largo del siglo xx, es decir, con los cinco dictadores: Lenin, Stalin, Hitler, Mussolini y Franco. Dejamos al margen las tinieblas de las dictaduras comunistas de China y Corea del Norte. También, la dictadura sanguinaria de Cuba y, en los albores del siglo XXI, la tiranía chavista, precedida de ganar las elecciones el año 1998. Un caso parecido fueron las elecciones que ganó en Alemania el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, que lideraba Adolf Hitler, en 1933.
Vino la guerra civil de España entre republicanos y contrarios a la república socialcomunista, capitaneados por Franco, que fue muy dramática en las dos orillas de la grieta. Y, después de ganar la guerra civil española, Franco no quiso apearse y ejerció la dictadura durante casi cuatro décadas.
Sí, fueron episodios muy desafortunados, sobre todo lo que ocurrió en Alemania con el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, ya que los que pagaron los platos rotos de la avaricia nazi fueron los judíos de toda Europa. Como bien sabemos, están censados y certificados en la historia seis millones de estos creyentes y estudiosos de la Torá.
En aquella época, los distintos socialistas estaban muy callados, a pesar de que eran públicas y abundantes las informaciones que volaban por todo el mundo, incluido el país de los bolcheviques (también, socialista), vecino de la Europa en llamas. No hubo revueltas en los países y ciudades ocupados mientras se detenían judíos y después eran enviados en trenes a campos de concentración, para que, en el mejor de los casos, los detenidos fuesen gaseados y después quemados, ya que la muerte era más rápida, aunque horrorosa igualmente. Se echó en falta ese activismo contra el totalitarismo. Imagino que estarían a lo suyo.
Después de no existir durante el exterminio judío, estando ya en la dictadura de Franco, precedida de los estragos de la revolución roja, en la que sí fueron muy activos en los preliminares de tal acontecimiento, eso sí, cubiertos de una pátina de justicia social utilizada contra los discrepantes de su forma de gobernar con mano dictatorial, al estilo del comunismo bolchevique o de Mao Tse-tung.
Como habían ganado las elecciones, convirtieron la monarquía existente en una nueva república, que muchos celebraron con efervescente alegría. Tenían manos libres para hacer lo que les diese la gana, sobre todo con las clases menos belicistas, solamente por tener una creencia que, acertada o no, era su creencia. Además, dado el alto porcentaje de analfabetismo que había en la clase baja en ese momento, era muy fácil vender ideología por cuatro mendrugos de pan, ya que la memoria era muy frágil y muchas las necesidades. Con un puñado de trigo se hacían milagros.
Pero también ganó las elecciones el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán, es decir, Adolf Hitler. Y con ese poder exterminó a seis millones de judíos y provocó no se sabe cuántos millones más de muertes durante el tiempo que duró la Segunda Guerra Mundial. No creo que ese sea un modelo que deba seguirse en las democracias actuales. Aunque muchos políticos tengan perversas tentaciones y coqueteos con el absolutismo, no deberíamos permitirlo.
Se acabó la Segunda Guerra Mundial y aquí vivíamos la dictadura franquista, con un montón de exiliados socialistas que no quisieron soportar la presión y las probables consecuencias…, algo parecido a lo que en esta época ha hecho Puigdemont. Y el socialismo, una vez más, tiende la mano a un golpista que quería romper el Reino de España. ¿Coincidirán en los objetivos?
Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja
Cuando los reyes se acostumbran a no reconocer más leyes que su absoluta voluntad y no tratan de poner freno a sus pasiones, ellos lo pueden todo; mas a fuerza de poderlo arruinan el fundamento de su poder. No tienen máximas ni reglas ciertas de gobierno; cada ciudadano en particular los adula a competencia, y en este caso ya no tienen pueblos: sólo tienen esclavos, cuyo número se disminuye cada día. ¿Quién pondrá diques al torrente? Todo cede: los hombres prudentes e instruidos huyen, se ocultan y gimen. Solo una resolución violenta y repentina puede reducir a su curso natural este poder que ha salido de madre; mas por lo común el golpe mismo que le podría moderar es el que abate el extremo de no poder volver a levantarse. Nada amenaza tanto una funesta caída como autoridad llevada al exceso. Se parece a un arco demasiado tirante, que se rompe de un golpe si no afloja.
Fenelón


