PAUL VALÉRY
Una conversación, aun superficial, con hombres que se hallan en la cumbre de su carrera, en un dominio cualquiera de la actividad, siempre es una enseñanza, una precisión de inestimable valor, ya sea que nos enseñe directamente, por experiencia inmediata, que los hombres son hombres y que las más elevadas situaciones no les preservan de serlo; ya sea porque nos permita sentir en algunos instantes , aun sólo a través de un apalabra, de una mirada, de un silencio, toda la distancia que existía entre nuestros prejuicios o nuestras anticipaciones y la opinión de los que saben. Las relaciones son muy preciosas, y la frecuentación del mundo es el único medio que tenemos para procurárnoslas.
Determinados puntos de vista intercambiados alrededor de una mesa de comedor o de té, instruyen y maduran a un hombre bastantes más que la lectura de cien volúmenes.
¡Son necesarios tantos años para que las verdades que uno se ha hecho se conviertan en carne de nuestra carne!
Por grande que sea la potencia del fuego, no se hace útil y motriz más que con ayuda de las máquinas por las que el arte lo canaliza: es necesario que sirvan de obstáculo a su disipación total, estorbos bien colocados, y que un retraso diestramente opuesto al retorno invencible del equilibrio permita sustraer algo a la caída infructuosa del ardor.
Si se trata del discurrir, el autor que lo medita siéntese ser todo él, en junto, manantial, ingeniero y compulsión: el primero de ellos es el impulso; el otro prevé, compone, modera, suprime; el tercero – lógica y memoria – mantiene los datos, conserva los enlaces, asegura una duración al agrupamiento deseado…
Debiendo ser escribir sinónimo de construir, lo más sólida y exactamente que se pueda, esta máquina de lenguaje en la cual los resortes del espíritu excitado se afanan para vencer resistencias reales, se exige del escritor que se divida contra sí mismo. Única y estrictamente así es como el hombre puede llamarse, por entero, autor. Todo lo demás no es de él, sino de una parte de él, evadida. Entre la emoción o la intención inicial y esos resultados finales que son el olvido, el desorden, lo vago – fatales aberturas del pensamiento, - su misión es introducir las dificultades que él mismo ha creado a fin de que, interpuestas, disputen a la naturaleza puramente transitiva de los fenómenos interiores un poco de acción renovable y de existencia independiente…



