LAS QUINTAESENCIAS

PAUL VALÉRY

 

 

La naturaleza del hombre es “buena”, porque el hombre es olvidadizo, indolente, crédulo, superficial.

Todas estas palabras representan  las diversas facilidades de nuestras “almas” para dejar huir sus impresiones y sus fuerzas.

Dichosas facilidades. Terrible ralea sería una humanidad dotada de memoria infalible, de energía siempre apremiante, de continua presencia de espíritu, de vigilancia crítica siempre en armas.

Pero es terrible porvenir el que prepara, porque todas estas malas virtudes, que harían la vida dura de ser vivida, crecerán y reinarán cada vez más en el mundo-; pero no bajo forma humana. La máquina, y lo que ella exige, obligará a los más livianos y a los más vagos, y los ceñirá a su disciplina. La máquina toma nota, prevé. Precisa, endurece, exagera los poderes de conservación y de previsión connaturales en los seres vivientes-, cuya duración caprichosa tiende a cambiar lo mismo que los recuerdos inseguros el confuso porvenir, los mañanas indeterminados-, en una índole al estado estacionario de un motor que ha alcanzado su velocidad de régimen.

El hombre contiene en sí mismo algo con que romper el equilibrio que sostiene con su medio ambiente. Contiene todo lo necesario para contentarse con lo que le contenta. A cada instante, es cosa distinta de lo que es. No forma un sistema cerrado de necesidades y de satisfacción de sus necesidades.

El hombre es este animal separado, ese singular ser viviente que se ha opuesto a todos los demás, que se eleva por encima de todos los demás, gracias a sus… sueños, ¡por la intensidad, el encadenamiento, la diversidad de sus sueños!; por sus defectos extraordinarios, que llegan hasta modificar su naturaleza, y no solamente su naturaleza, sino también la naturaleza misma que le rodea, que él trata infatigablemente de someter a sus sueños.

Quiero decir que el hombre está necesaria e incesantemente opuesto a lo que es por la quietud de lo que no es, y que engendra, ya laboriosamente, ya gracias a su genio, lo que le hace falta para dar a sus sueños la misma potencia y la misma precisión de la realidad, y, por otra parte, para imponer a esta realidad creciente alteraciones que la vayan acercando a sus sueños.


 

 

 

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