PAUL VALÉRY
SUSO
Llámese moral todo lo que se puede decir y escribir sobre el problema siguiente: hacia qué objeto, - en qué caso, por qué medios-, el hombre, en ausencia de toda coacción física, se ve conducido a hacer lo que le desagrada, y a no hacer lo que le gusta.
Una moral vuélvese ridícula cuando puede, finalmente, reducirse a esto: obrad contra vosotros; no tenéis nada que temer ni que esperar.
La moral es el mal escogido, mal reputado, de una de las ramas de la política generalizada que abarca la táctica de sí con respecto a sí mismo.
En las proposiciones Yo me domino, yo me abandono, yo me permito, yo y me son diferentes- ¿o no?
Podríase reducir el análisis de la moral a decidir si estos dos pronombres son, real o ficticiamente diferentes.
Hay un numero de cosas que requieren más valor para negarlas teóricamente que para reducirlas a la nada en la práctica.
A menudo, hace falta más valor para pensar y hablar contra una moral que para despreciarla y violarla de hecho.
La moral es una especie de arte de la inejecución de los deseos, de la posibilidad de debilitar los propios pensamientos, de hacer lo que no agrada, de nunca hacer lo que agrada. Si el bien agradase, si el mal desagradase, no habría moral, ni bien ni mal; de tal modo, que, al fin, el fenómeno moral es remontar la corriente, navegar lo más cerca posible de la concupiscencia y de las imágenes.



