¿DONALD TRUMP ES TONTO?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Donald Trump es tonto?

Entonces, esa gran mayoría de votantes contra el progresismo woke que le han votado, ¿también son tontos?, ¿o ¿basura?, como los llamaron durante la campaña desde el espacio de Kamala. Puede que sean las dos cosas, incluso mucho peor, pero lo que no quieren es seguir con la perniciosa Agenda 2030. Está claro que los ciudadanos de Occidente se han hartado de esos dictados ideológicos, cuya principal misión es aniquilar libertades y tapar bocas que puedan denunciarlo.

Resulta que se presenta la protegida de Barack Obama sin un mínimo programa que pueda paliar la situación de desamparo y confusión que están sufriendo los ciudadanos de toda clase y condición en la primera potencia de Occidente.  Sus discursos puramente ideológicos, destinados a los creyentes de esa cultura woke que suelen vivir del esfuerzo de los demás, es decir, de ayudas del Estado. Lo sorprendente para Obama y Kamala fue darse cuenta de que su relato ya no calaba ni entre su propia gente. Ni siquiera las mujeres creen en el feminismo artificial que, vendía la postulante a presidenta de Estados Unidos de América.

Vistos los resultados de las urnas, se puede contrastar hasta qué punto está ahogando a los votantes esa ideología diabólica que todo lo invade o, mejor dicho, que todo lo quiere dentro de ese círculo opresor.

Hasta en las desgracias más espantosas priorizan la ideología al ser humano. Estoy convencido de que piensan que seres humanos hay muchos y la mayoría sobran, así que, si dejan que ellos solos se mueran se ahorran el mal trago de tener que socorrerlos o suicidarlos. Vamos, parecido a lo que ha pasado en el diluvio de Valencia.

En el caso del lugar donde nació esta horrenda cultura que, ha promovido la política del círculo, Agenda 2030, tienen, además, otros métodos que son prácticamente gratis para aniquilar o volver zombis a los incautos ciudadanos que prueban las sustancias que esa agenda permite y, posiblemente facilita. Si no directamente, casi seguro que permiten que circule por una autopista que posibilita mirar para otro lado antes de enfrentarse al mortífero fentanilo. Algo así como los grabados egipcios: miro para otro lado y pongo la mano.

Si Trump es tan malo como lo pinta el progresismo americano y, por ende, todo Occidente, ¿por qué quiere deportar a tanta gente emigrante ilegal? Yo creo que eso juega en su contra. Con su maldad debería pensar igual que el progresismo de Occidente y él actuar del mismo modo: regularizar a toda esa gente y luego esperar su voto, como se hace en Europa, y más concretamente en nuestro reino.

Pero no lo hace, claro, porque es tonto. A lo mejor es que piensa que varios millones de habitantes nuevos, sin control alguno y subvencionados por el Estado, van a desestabilizar los puntos esenciales de su país. Y seguro que pensará que si le ha votado esa gran mayoría es porque eso es lo que quiere. Ya lo dijo bien claro en la campaña electoral. Dicho de otra manera: no quieren experimentos que solo benefician a la gran industria demócrata promotora de la Agenda 2030. Además de que solo puedan participar en ese gran pastel las oligarquías, con sus imprescindibles colaboradores, que desde el fanatismo la imponen a machamartillo y dirigen el cambio climático. ¡Menudo cuento!

Sí, ahora seré un negacionista, y digo yo: si se llenan los campos de cultivo de placas solares, de molinos asesinos, tanto en la tierra como en la mar, y las carreteras, de baterías de litio, cuando venga ese cambio climático, que vendrá, porque la naturaleza de nuestro globo terráqueo siempre ha sido así, ¿cómo se va a gestionar esa basura que es equivalente a los residuos nucleares? ¿Será posible que nuestros descendientes puedan ocuparse de ello? ¿O convertiremos este planeta, en el que hoy se nos vende la Agenda 2030 como la solución al cambio climático, en un lugar inhóspito?

Desde tiempos remotos se conocen estos fenómenos que van acompañados de desastres y, con las medidas ideológicas del progresismo, será cada vez peor. Si se deja a la naturaleza sola acabará engullendo cualquier vestigio humano. Pienso que sería mucho mejor para la vida en la Tierra interactuar con la naturaleza, no invadirla, no domarla, pero tampoco cruzarse de brazos y que sea lo que Dios quiera.

Imaginemos que la humanidad fuera un bosque y cada hombre, un árbol, y que cuando muriesen los dejáramos tirados, por ley, en la calle. Sería una aberración, ¿o no? Pues entonces, ¿por qué no podemos limpiar los bosques, los ríos, los cauces, los barrancos o cualquier vía natural de las aguas, y también hacer presas que regulen los flujos imprevistos de esos fenómenos naturales? En el bosque de la humanidad ya lo hacemos: lo que muere lo recogemos, limpiamos el espacio y lo quemamos o lo enterramos y todo sigue en armonía. ¿Qué diferencia hay? ¿No será que es un nuevo negocio de oportunidad, como en la pandemia?

Será por algo que multitud de países aborrecen las políticas del clima, llenas de hipocresía que quiere imponer la cultura woke. ¿Qué pasará con los molinos eólicos cuando se desaten vientos y oleajes desproporcionados? O cuando las danas (otrora, gota fría), convertidas en granizadas, descarguen bolas de hielo que llegarán a ser como huevos de avestruz, puestos a exagerar. ¿Cómo quedarán los inmensos huertos solares, los molinos derribados en el mar o en tierra firme? No importa, amigo, ese es el precio que se debe pagar por ser ecológico…

Aunque nos queda saber qué pasará con la basura de todo ese material de desecho que vino solo para hacer más millonarios a los que ya lo eran. Sin embargo, si solo fuese eso podríamos conformarnos y asumir, como siempre, que poco podemos hacer contra ese poder, que nunca mira a corto plazo. Su dinastía está asegurada.

Si de verdad viene un cambio climático tan radical, ¿sabe alguien qué consecuencias traerá? ¿El hombre podrá pararlo? Me da la impresión de que todo está programado con el único fin de manipular con el miedo al mundo. Y siguen gastando ingentes cantidades de dinero en publicidad para la promoción de tal engendro, aunque ni un céntimo para prevenir esas desgracias. Todo lo contrario: si cortas un árbol caído para llevarte la leña y tienes la desgracia de que un funcionario al servicio del círculo te ve, lo mínimo que puede pasarte es que te pongan una multa ejemplar.

Yo lo percibo como un campo de concentración: estamos encerrados y controlados por las nuevas tecnologías para que, si algún despistado interno tiene ideas contrarias al obedecimiento, se le castigue con mil posibilidades, cada una peor que la otra, hasta llegar a la muerte natural. Y, dentro de ese campo, como en Corea del Norte, siempre hay un ojo físico que te vigila. En este caso, a través del círculo maldito.

Cuando veo a personas ancianas haciendo un esfuerzo que no les corresponde por su estado físico, me enerva. Van cargados con cuatro bolsas de basura y se pasan unos minutos metiendo latas, cartones, plásticos y materia orgánica en los contenedores de colores. Además, para colmo del abuso al ciudadano, no paran de poner impuestos a las basuras. Mi enfado se genera porque unos sacan petróleo sin importarles su destino, otros fabrican combustibles y otros, los más, lo comercializan. Esto se podría haber evitado. En el año 1973 surgió la primera crisis del petróleo, y no se tuvo en cuenta la magnitud del daño de fabricar para usar y tirar en vez de pensar en desarrollar energías cada vez más técnicas para que los derivados del petróleo fuesen más eficientes a la hora de hacerlos combustibles. O desarrollar soluciones alternativas para evitar la producción de plástico. La energía nuclear, si bien en su inicio pudo suponer más riesgo del que nos imaginábamos, hoy es bastante más segura. Hasta tal punto que nuestros gobernantes europeos la han declarado energía limpia.

Pero no, el mundo siguió extrayendo energía fósil y fabricando plástico sin control, de tal manera que los coches se convirtieron en híbridos de plástico y metal. De igual modo, se transformaron los supermercados de alimentación y todo tipo de comercios en fervorosos consumidores de plástico para todo. Los ciudadanos, creyendo que el plástico es malo, lo siguen comprando y pagando, tanto en impuestos directos como camuflados en otras compras o consumos.

Esto quiere decir que el interés no está en salvar el planeta, sino en el impuesto que recauda la cadena de oligarcas, y aquí incluyo a los gobernantes políticos. Han pasado más de cinco décadas desde aquella crisis y nada se ha remediado. Se han tomado miles de medidas inútiles, cargadas de impuestos, pero no se ha movido un ápice el consumo de petróleo y gas, aunque ha disminuido algo el de carbón. ¿Para qué tanta guerra con el planeta? Países europeos importantes han vuelto a incrementar el uso de la energía fósil, precisamente lo que intenta erradicar la famosa agenda.

Se han eliminado vertederos a cielo abierto, la mayoría de residuo orgánico. Por todo el mundo se achatarran millones de coches que funcionan con combustibles fósiles. De igual forma se actúa con la basura informática, los teléfonos móviles y cualquier aparato electrónico que se utilice. Y para fabricar esos equipos se ha necesitado extraer minerales raros que se consiguen gracias a esclavos, la mayor parte, niños. ¿Qué es lo que realmente les preocupa a los servidores de la Agenda 2030? Sí, sabemos lo que les interesa a los que la inventaron, y no es precisamente el planeta Tierra: les preocupa su bienestar. Como tienen muy bien aprendida la lección del ideario progresista, quien se engancha a esa cadena ya no puede salir, puesto que es mucho lo que tiene que perder y poco que ganar. Solo puede ganar tranquilidad para su conciencia y sentirse en paz. Para eso hay que valer y no ser un escapista.

 

Los diecisiete objetivos:

  1. Fin de la pobreza
  2. Hambre cero
  3. Salud y bienestar
  4. Educación de calidad
  5. Igualdad de género
  6. Agua limpia y saneamiento
  7. Energía asequible y no contaminante
  8. Trabajo decente y crecimiento económico
  9. Industria, innovación e infraestructura
  10. Reducción de las desigualdades
  11. Ciudades y comunidades sostenibles
  12. Producción y consumo responsables
  13. Acción por el clima
  14. Vida submarina
  15. Vida de ecosistemas terrestres
  16. Paz, justicia e instituciones sólidas
  17. Alianzas para alcanzar los objetivos

 

¡Bravo! ¡Manos a la obra! ¿En qué siglo se logrará?

¡Bonito cuento! ¡Y qué gran negocio!

 

 

 

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja


 

 

 

 

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