Reflexiones

Todos los políticos han sido, son o serán amigos de persecuciones. Todos los partidos llaman justicia a lo que ellos imponen y crueldad a lo que les es impuesto.
Gobineau.

SUSO

 

 

 

¡100 años de honradez…! Bonito eslogan que nos vendieron en los comienzos de la democracia, pero que poco tiempo se mantuvo.

Este eslogan naturalmente lo cantaban los socialistas, o socialistos. Sin duda alguna sí son esto último porque, además de robar a manos llenas, echan la culpa a la derecha tontita. Pero es curioso, porque esta diestra que yo denomino tontita no lleva en política con nombre de partido más allá del año 1975; es decir, desde la muerte del dictador. Seguramente me falten luces, pero si comparamos las fechas ha tenido más tiempo para robar el Partido Socialista Obrero Español que la derecha tontita.

Me pregunto, haciendo una pequeña reflexión, que si cuando dicen lo de que el dinero no es de nadie lo que quieren trasladar es que, como no lo es, a nadie tienen que dar cuenta de él.

De ser así, se puede entender que lo dediquen a hacer obras de caridad, ya que el dinero vuela por cualquier estrato social sin saber muy bien sus fines. Y dicho sea de paso, algunos de estos estratos sí necesitan que esas obras de caridad se lleven a cabo.

Pero lo que para mi limitada cabeza, que no ha tenido preparación académica alguna, es más difícil de entender que en algunos casos las obras de caridad que se realizan vayan destinadas a favorecer, consumiendo su mercancía a los llamados «camellos».

Y yo me pregunto, ¿será porque el dinero no es de nadie? ¿O será porque al provenir la mercancía de siembra vegetal no contamina y ayuda a que el planeta pueda ser más verde, teniendo como consecuencia directa que también sea más blanco?

En cualquiera de los dos casos es evidente que el dinero sale de la caja de todos y, por tanto, se está malversando.

Igual algo que para mí es robar al pueblo para ellos es hacer obras de caridad…, ¡Qué lo vamos hacer!

¡Ah! También parece que socorren a mujeres desamparadas, que en la mayoría de los casos están explotadas por proxenetas. Y más triste aún que con este asunto de abuso se manche la infancia de las «protegidas» en las casas de menores tuteladas. Responsabilidad exclusiva de los que mandan…

Esa pobre infancia olvidada no puede hablar. Y si lo hiciera, ¿quién le creería? Y aunque le creyesen…, ¿de quién dependen los poderes? Entonces… ¿no quedan esperanzas?

Dice un dicho catalán: «qui mana, mana» . Así de simple: quien manda, manda. Pues lo tenemos claro.

¡Pero no nos la cojamos con papel de fumar! No hay mal que cien años dure, aunque en este caso ya sean 145 años…

Sí, es una certeza que el socialismo es muy amable. Pero cuando no entiendo nada me pregunto ¿ qué podemos hacer…?

La técnica es muy sencilla, solo hace falta leer la historia:

« ……. Stalin día a día era informado de todo este caos. 

La situación de Rusia ya había generado cierta inquietud entre sus cercanos, así que, llamó a sus leales para explicarles el porqué de sus medidas y qué buscaba con ellas. 

La anécdota narra que a media reunión, mandó traer una gallina, la cogió en sus brazos con delicadeza y se paseó así por toda la habitación, le habló suave y amablemente, exaltó sus virtudes y belleza, se la mostró y presumió de ella ante los asistentes y repentinamente cambió su actitud con ella y la agarró por el cuello y la golpeó, la desplumó y la pateó hasta casi matarla, sin importarle por un segundo las muestras de dolor emitidas por el ave.

Un momento después sacó de su bolsillo unos pocos granos de maíz y se los fue aventando uno a uno a la gallina y para sorpresa de todos los presentes, la moribunda ave como pudo, desplumada y maltrecha lo persiguió por toda la habitación agradeciendo cada uno de los pocos granos de maíz que le daba el dictador, que finalmente la levantó y la abrazó y les dijo: Así se gobierna estúpidos, el pueblo es como la gallina.

Stalin explicó que exactamente así es el pueblo, hay que crearle problemas, llevarlo al límite, ponerlo de rodillas y después darles unos pocos granos, que sientan que tú eres el único que les puede salvar y te amarán, porque su memoria es corta, olvidan fácilmente como la gallina y sus necesidades son largas, nunca se acaban y siempre buscan un padre que les premie o les castigue, siempre desean tener a alguien al que le profesen más temor que amor, un Dios que castiga más de lo que bendice».

«Eso, camaradas, ¡es el socialismo!, es así de simple, concluyó Stalin».

Marqués de Pinofiel y de la Gloria Floja



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