PAUL VALÉRY
SUSO
NOVEDAD. VOLUNTAD DE NOVEDAD
Lo nuevo es uno de esos venenos excitantes que acaban por ser más necesarios que cualquier alimento: por lo tanto, es preciso, una vez se han adueñado de nosotros, aumentar la dosis y hacerla mortal bajo pena de muerte.
Es extraño apegarse, así, a la parte perecedera de las cosas, que es, exactamente, su cualidad de ser nuevas.
¿No sabíais, acaso, que a las ideas más nuevas hay que darles no sé qué aspecto de nobles, no apresuradas, sino maduradas; no insólitas, sino existentes desde hace siglos; y no hechas y encontradas esta mañana, sino solamente olvidadas y vueltas a encontrar?
Nada más original, nada más sí, que nutrirse de los demás. Pero hay que dirigirlos. El león está hecho de cordero asimilado.
Ciertas obras son creadas por su público.
Otras crean público.
Las primeras responden a las necesidades de la sensibilidad natural media. Las segundas crean necesidades artificiales, cuales, al mismo tiempo, dan satisfacción.
Nuestros discípulos y nuestros sucesores nos enseñarían mil veces más que nuestros maestros, si la duración de la vida nos dejara ver sus trabajos.
Al cielo no hay que pedirle más que euforia, y los medios de servirse de ella.
Lo más humano que hay.
Algunos creen que la duración de las obras radica en su “humanidad”. Se esfuerzan en ser verídicos.
¿Pero qué duración más larga que la de las obras fantásticas?
Lo falso y lo maravilloso son más humanos que el hombre verídico.
En toda cosa inútil, hay que ser divino.
O no meterse con ella.
Las obras bellas son hijas de su forma, que nacen antes que ellas.



