LAS QUINTAESENCIAS

PAUL VALÉRY

 

 

SUSO

 

DE LAS DEFINICIONES

El trabajo de definir empieza al nacer.

Si a la edad de cuarenta años quiero hacer una definición, -esta atención implica directamente un trabajo que se extiende a toda mi historia anterior.

En su trabajo, el espíritu va de su desorden a su orden. Lo importante es que se reserve, hasta el fin, algunos recursos de desorden, y que el orden que empezó a darse no le ate tan fuertemente ni le sea tan rígido dueño que le impida cambiarlo y hacer uso de su libertad inicial.

La gloria debe obtenerse como un subproducto.

Cada pensamiento es una excepción de una regla general que es el no pensar.

El sonido es el estado excepcional de la cuerda tensa.

Todo descubrimiento verdadero es pagado por su autor con una disminución de la importancia de su yo.

Toda persona es menos que lo más hermoso que ha hecho.

El “yo” huye de toda cosa creada.

La muerte es la unión del alma y del cuerpo; la conciencia, la vigilia y el sufrimiento son su desunión.

Ni el elogio ni la censura valen nada.

Quiero decir: esto está bien, -esto está mal?

Tales pareceres no importan a nadie, y menos a mí, en primer lugar.

¿Qué extraigo de mi indignación, de mi entusiasmo?

A lo sumo, elementos de error…

El intelecto es una tentativa de educarse con vistas a impedir que los efectos desborden infinitamente a las causas.

Está, pues, contra el sistema nervioso.

Desprecia la propiedad esencial de éste, que es la de atribuir grandes efectos a pequeñas, pequeñísimas causas.

El hombre se figura “existir”. Piensa; por lo tanto, es -y esta inocente idea de tomarse por un mundo separado, cuando es por sí mismo, sólo es posible por descuido.

 Descuido mis sueños, mis ausencias, mis profundas, largas, insensibles variaciones.

Olvido que poseo, en mi propia vida, mil modelos de muerte, de vacíos cotidianos, una asombrosa cantidad de lagunas, de suspensiones, de intervalos incapaces de ser conocidos, desconocidos.

No puedo concebirme ausente, suprimido, no despertándome más en un día; no sé cómo interrumpirme, ¡y no hago más que interrumpirme!

Si piensas despertarte piensa también en tener que volver a dormirte alguna vez.

Si has de ser inmortal, serás, por lo tanto, mortal. Hay que comenzar por ahí.

No se refuta lentamente un sistema si no se refutan, al mismo tiempo, todos los sistemas infinitamente adyacentes.

Un hombre es de un tipo intelectual tanto más declarado cuanto más necesita, para estar satisfecho de sí mismo, un esfuerzo “intelectual”. -Todo lo que pueda llevar a cabo sin requerir esfuerzo de atención, no le da la sensación de valer. Los elogios que con tal motivo se le hacen, no lo conmueven, e interiormente se ríe de los que se los dedican. Lo que nada le cuesta, nada vale.

¿Por qué no puede uno cosquillearse y volverse loco con sus coquillas?

Podría darse a esto una respuesta fácil diciendo que el efecto radica en la sorpresa, y que uno no puede sorprenderse voluntariamente. Pero más vale dejar sin contestación la pregunta.


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