PAU VALÉRY
ACUÑA EN EL SITIO DE VALDEPERO (ENERO DE 1521) LIT.JULIO DONÓN
Nada, sin duda, más morboso en sí, nada más enemigo de la naturaleza que ver las cosas como son. Una fría y perfecta claridad es un veneno imposible de combatir. Lo real, en estado puro, detiene instantáneamente al corazón… Una gota de esa linfa glacial basta para distender, en una alma, los resortes y la palpitación de deseo, exterminar toda esperanza, derrocar a todos los dioses que vivían en nuestra sangre. Las virtudes y los colores más nobles desaparecen y se devoran poco a poco. El pasado se reduce a un poco de ceniza; el porvenir, a un pequeño témpano. El alma aparece ante sí misma como una forma vacía y mensurable. -He ahí las cosas tal como son: juntándose, limitándose, encadenándose del modo más riguroso y moral… El Universo no puede sufrir, por un solo momento, no ser lo que es. Resulta extraño pensar que lo que es el Todo no pueda bastarse… Su espanto de ser lo que es le ha forzado a crearse y a pintarse mil máscaras; ésta y no ninguna otra es la razón de la existencia de los mortales. ¿para qué existen los Mortales? – Su misión es conocer. ¿Conocer? Y ¿qué es conocer? – Es, seguramente, no ser lo que es.
No cabe duda que el objeto único y perpetuo del alma es lo que no existe: lo que fue; lo que ya no es; - lo que será; lo que toda vía no es: - lo que es posible; lo que es imposible, - este es, concretamente, el cuidado del alma, pero nunca, nunca, lo que es.
Y el cuerpo, que es lo que es, helo ahí no pudiéndose ya contener en la extensión. - ¿Dónde ponerse? - ¿A dónde llegar? – Este Uno quiere jugar a ser Todo. Quiere empezar el juego de la universalidad del alma. Quiere poner remedio a su identidad valiéndose del número de sus actos. Siendo cosa, estalla en sucesos. Se transporta. Y como el pensamiento excitado toca a toda substancia, vibra entre el tiempo y los instantes, franquea toda diferencia; y como en nuestro espíritu las hipótesis se forman simétricamente, y como los posibles se ordenan y son enumerados, este cuerpo se ejercita en todas sus partes y se combina consigo mismo y se da forma tras forma y sale inmediatamente de sí… Helo ahí, en fin, en ese estado comparable a la llama, en medio de los cambios más activos… Ya no se puede hablar de “movimiento”… Ya no se puede hacer distinción entre sus actos y sus miembros… El cuerpo, en sus ostentaciones de vigor, me plantea un pensamiento extremo: del mismo modo que pedimos a nuestra alma muchas cosas para las cuales no está hecha, y le exigimos que nos ilumine sobre ellas, que nos profetice que adivine el porvenir, conjurándola incluso a que descubra a Dios, - así el cuerpo quiere alcanzar plena posesión de sí mismo, y en un punto de gloria sobrenatural… Pero le sucede lo mismo que al alma, para quien Dios, y la sabiduría, y la profundidad que le pedimos, no son ni pueden ser más que momentos, relámpagos, fragmentos de un tiempo extraño, saltos desesperados fuera de su forma…
La idea del pasado no toma un sentido, y no constituye un valor, más que para el hombre que encuentra en sí mismo una pasión de porvenir. El porvenir, por definición no tiene imagen.
En toda obra se unen un deseo, una idea, una acción y una materia.
Estos elementos esenciales tienen entre ellos contactos tan poco simples y a veces tan sutiles, que es imposible su expresión. Cuando sucede así, es decir, cuando no podemos presentar una obra por medio de una especie de fórmula que nos permita concebirla hecha y vuelta a hacer a voluntad, la llamamos obra de arte.
Lo noble de un arte depende de la pureza del deseo de que procede, y de la incertidumbre del autor en cuanto al feliz éxito de su acción. Cuánto más inseguro se siente el artista acerca del resultado de su esfuerzo, a causa de la naturaleza de la materia que le atormenta y de los agentes de que ha hecho uso para dominarla, más puro es su deseo, más evidente su virtud.
La paz es una victoria virtual, muda, continua, de fuerzas posibles por encima de codicias probables.
Cualquier política implica (y generalmente ignora) una determinada idea del hombre y hasta una opinión sobre el destino de la especie; toda una metafísica que va del sensualismo más rudimentario hasta la mística más osada.
No puede haber paz verdadera más que estando todo el mundo satisfecho. Es decir: que no hay verdadera paz. No hay más que paces reales, que no son , como las guerras, más que meros expedientes.



