LAS QUINTAESENCIAS

PAUL VALÉRY

 

La esencia del clasicismo es la de venir después. El orden presupone cierto desorden al cual viene a reducir. La composición que es artificio, sucede a algún primitivo caos de intuiciones y desarrollos naturales. La pureza es el resultado de infinitas operaciones sobre el lenguaje, y el cuidado de la forma no es otra cosa que la reorganización meditada de los medios de expresión. Lo clásico implica, pues, actos voluntarios y reflexionados que modifican una producción “natural”, de conformidad con una concepción clara y racional del hombre y del arte. Pero, como se ve por las ciencias, no podemos hacer obra racional ni construir según el orden más que mediante un conjunto de conversaciones. El arte clásico se identifica por la existencia, por la nitidez, por absolutismo de estas convenciones; ya se trate de las tres unidades, de los preceptos prosódicos o de las restricciones del vocabulario, estas reglas de apariencia arbitraria fijan su fuerza y su debilidad. Poco comprendidas en nuestros días, y no por ello dejan de proceder de un antiguo, sutil y profundo acuerdo de las condiciones del goce intelectual sin injerencias.

Es un error evidente, aunque bastante difundido, pretender resolver por puros razonamientos problemas cuyos elementos no pueden enumerarse ni definirse. Únicamente las cuestiones de pura álgebra pueden tratarse por uno mismo y sólo con la cabeza. A la observación la incumbe actuar, cuando se trata de cosas reales.

Bajo los nombres de previsión y tradición, el porvenir y el pasado, que son perspectivas imaginarias, dominan y restringen el presente.

Comedia y convencionalismo consisten en una determinada substitución de lo que se sabe por lo que es, - y no se sabe lo que es.

Decimos que un autor es original cuando estamos en la ignorancia de las ocultas transformaciones que cambiaron a los demás en él; queremos decir que la dependencia de lo que hace, respecto de lo que estaba hecho, es excesivamente compleja e irregular.

No cabe la menor duda de que la fe existe: pero uno se pregunta con qué coexiste en aquellos en quienes existe.

La poesía es la ambición de un discurrir que aspira a verse cargado de más sentidos y ungido de más música que el lenguaje ordinario lleva o puede llevar consigo.

El amor, el odio, la envidia, son luces del espíritu; pero el orgullo es la más pura de todas. Ha hecho surgir ante el hombre lo más difícil y hermoso que tenía que hacer. Consume las pequeñeces y simplifica a la persona misma. La aparta de las vanidades, porque el orgullo es a las vanidades lo que la fe es a las supersticiones. Cuanto más puro es el orgullo, más fuerte y solitario está en el alma, y mas meditadas son sus obras, más rechazadas y vueltas a poner en el fuego de un deseo que no muere nunca. El objeto del arte, atacado por el alma grande, se purifica. Poco a poco, el artista se despoja de las ilusiones rudimentarias y generales, obtiene de sus virtudes inmensos trabajos invisibles. La inconmovible selección le devora sus años, y la palabra acabar pierde su sentido, porque el espíritu no acaba nada por sí mismo.

Olvidar insensiblemente la cosa que se está mirando. Olvidarla, pensando en ella, por una transformación natural, continua, invisible, a plena luz, inmóvil, local, imperceptible… del mismo modo que un pedazo de hielo escapa de las manos que lo aprisionan. E inversamente:

Volver a encontrar la cosa olvidada mirando el olvido.

Ocúrreme a menudo, si he olvidado alguna cosa concreta, ponerme a observar para asir ese estado y esa laguna. Quiero verme olvidando, sabiendo que he olvidado, y buscando. ¿Es acaso, un método oponer al desfallecimiento mental su estudio inmediato por la conciencia?

Así (¿o por el contrario?) el dolor mismo palidece, por un momento, cuando se le mira cara a cara, - si se puede.

La vasta empresa de la filosofía, considerada en el mismo corazón de filósofo, consiste, después de todo, en un ensayo de trasmutación de todo lo que sabemos en lo que quisiéramos saber, y esta operación exige que sea efectuada, o cuando menos presentada, o cuando menos presentable, con cierto orden.


 

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