LAS QUINTAESENCIAS

 

PAU VALÉRY

 

 

 

 

CONVENCIONALISMO CÓMODO. LEYES PENALES

Es muy cómodo cortar o coronar una cabeza; pero irrisorio a los ojos de la razón. Es creer que esa cabeza encierra una Causa Primera.

Cuando corta una cabeza, la Sociedad cree exterminar lo que la hiere, lo mismo que un hombre henchido de ponzoña cree curarse cauterizando un pequeño absceso.

La Sociedad está henchida de ponzoñas cuyos manantiales no son, en sí, más que ejecutorias locales y accidentales… he aquí por qué la estadística de los crímenes es una estadística regular, y por qué hay una estadística de crímenes igual que hay una de accidentes, de indicios, etc. Es que la Sociedad física, las ciudades, las aglomeraciones, son como una acumulación de movimientos, de masas, de combustibles y de comburentes, con los cuales, aquí y allá, deben efectuarse determinadas combinaciones imprevistas en detalle y previstas en conjunto.

Somos tanto menos libres cuanto más necesidad tenemos de serlo. Por ejemplo, en el peligro y en la tentación. Nuestra libertad se ve menguada por los perfumes, por el tiempo que hace, por la zozobra.

Pero observar que esta libertad depende de tantas cosas; que aumenta, que disminuye, que el número de los actos y de las soluciones que nos son física y moralmente posibles en determinado momento es singularmente variable; que la energía de que dispone lo que en nosotros juzga a nuestras imágenes es de una grandeza inconstante. -¿No equivale esto a ver que la libertad no es mas que una consecuencia de las circunstancias, que la comprimen o la ensanchan, o sea, una forma de la relación que puede existir entre lo que actúa sobre mí y mi respuesta a esta acción?

Si experimento un dolor, o un espanto, o alguna necesidad, en el acto, son menos los pensamientos, o los dominios de pensamiento, que se hallan a mi alcance. A partir del momento en que estos impedimentos se desvanecen, reconquisto mi extensión. Recobro, de modo particular, hasta el poder de crearme, a mí mismo, una molestia deseada. Soy libre: por consiguiente, me encadeno. Me fijo una atención, un problema, unas reglas de juego. Abandono cierto estado. Derogo el libre cambio y la igualdad de las transacciones de mi espíritu. Protejo tal producto de mis sentidos, o de mi pensamiento. Especializo mi tiempo.

Es extraño pensar en el peso, la potencia de nuestra vida pasada sobre nuestra vida presente, tiene por medida el tiempo probable de vida que nos queda por vivir.  – Así pues, si este tiempo es largo -, el pasado hallará en él su compensación, se debilitará por sí mismo. Uno gozará de la capacidad de varias existencias.

Por consiguiente – quien lleva con ligereza su pasado, sin duda alarga su vida.

El hombre frío es el que mejor se adapta a la realidad, que es indiferente. -Las cosas no adelantan ni retardan, no lamentan ni esperan.

Y esta frialdad de ese hombre está asimismo en armonía con tiempo, es decir, con la probabilidad creciente de lo contrario de que es y nos afecta.

El temor que nos inspira la opinión de los demás descansa sobre nuestra debilidad, que no puede impedir que se repita en nosotros contra nosotros – es decir, sin defensa posible.

No sabemos considerar un juicio como inseparable de su autor, y, en consecuencia, despreciable y finito como un hombre.


 

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