LAS QUINTAESENCIAS

PAUL VALÉRY

 

 

Algunas veces sueño que la inteligencia del hombre, y todo aquello merced a lo cual el hombre se aparta de la línea animal, podría un día, debilitarse; regresando la humanidad, insensiblemente, a un estado de inocencia y de instinto, descendiendo de nuevo a la inconstancia y a la futilidad simiesca. Poco a poco se vería inclinarse a favor de una indiferencia, una inatención, una inestabilidad que la política del mundo actual ya hace concebir. El rápido olvido de las desdichas de la guerra, y la demostración de su absurdo por sus secuencias es un gran argumento.

Toda la historia humana, como manifestadora del pensamiento, no habrá sido, quizá, más que el efecto de una especie de crisis, una crecida monstruosa, comparable a cualquiera de esas bruscas variaciones que se observan en el reino vegetal y que desaparecen tan caprichosamente como han venido.

Para pensar en ello un poco más de cerca, haría falta, antes que nada, hacerse de la inteligencia una idea muy precisa. Al buscar vagamente esa precisión, encuentro (esta mañana) en la base del desarrollo combinado de la comprensión y de la inventiva, que son los dos actos de la inteligencia, dos condiciones evidentísimas: una de las cuales es la facultad individual de ser educado por los hechos; la otra, la consolidación y la conservación de la experiencia; lo cual exige la pluralidad de los individuos, la posibilidad de trueques y de la existencia de instrumentos de trueque.

A lo cual se añade un reparo; el de la desigualdad de los espíritus. Este último dato debe desempeñar un papel esencial en el presente problema, pues no consiste más que reducir, o devolver a la noción de discrepancia, la idea que nos hacemos de la inteligencia humana.


 

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