PAUL VALÉRY
El hombre muy cultivado nunca es original. Su personalidad es tan insignificante como conviene. Pocas desigualdades; ninguna superstición del intelecto. Nada de temores vanos. No tiene miedo a los análisis; los conduce -o acaso son éstos quienes lo conducen – a las consecuencias lejanas; vuelve a la realidad sin necesidad de esfuerzo. Imita, innova; no desecha lo antiguo por ser antiguo, ni lo nuevo por ser nuevo; sino que consulta en sí mismo algo que es eternamente actual.
El entusiasmo no es un estado anímico propio de escritor.
Un hombre que contestara: no sé, a todas las preguntas de un formulario filosófico, no podría ser llamado filósofo.
Y sin embargo…
La lógica sólo tiene virtudes muy moderadas, cuando se emplea al lenguaje ordinario, - es decir, el lenguaje sin definiciones absolutas.
Si todos los hombres fuesen igualmente esclarecidos, igualmente críticos, y, sobre todo, igualmente valientes, la sociedad sería imposible.
La gloria no depende del esfuerzo, que es generalmente invisible: sólo depende de la escenificación.



