LAS QUINTAESENCIAS

PAUL VALÉRY

 

SUSO

 

«Antes de empezar, pues, la lectura de estas quintaesencias de la obra de Valéry, recordemos únicamente esto: que sólo nos conocemos a nosotros mismos en la medida de lo que nos interrogamos».

Estudio y selección de Luis Ignacio Bertran

Si me sonrojo de tener miedo, tengo miedo de sonrojarme.

SIMULADOR

Éste hace muecas a espaldas mías. Le sorprendo. Entonces, y a sangre fría, vuelve a comenzar su producto natural involuntario de su sistema nervioso -un “tic”.

Prefiere parecer un poco enfermo a pasar por un granuja disfrazado de señor.

La simulación tiende a un límite, que es la contradicción. Siendo todo pensamiento de la misma naturaleza que una simulación, resulta que todo pensamiento, forzado y llevado al extremo, en el sentido de su precisión, tiende hacia una contradicción.

La conciencia tiene horror al vacío.

Quien se dispone a realizar una labor bella, percibe entre sus propios intersticios, una labor bellísima.

La impresión de belleza, tan arduamente buscada, tan vanamente definida, es, quizá, el sentimiento de una imposibilidad de variación, de cambio virtual; un esplendor límite tal, que toda variación pueda hacerlo, por una parte, demasiado sensitivo; por otra, demasiado intelectual.

Y esta frontera común es un punto de equilibrio.


En tiempo de agravios,

¿de qué sirven quejas?

Que pues no hay orejas,

¿para qué son los labios?

MARQUÉS DE PEÑAFIEL


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