ENTRADA 49ª DE NICOLÁS MAQUIAVELO

 

CAPÍTULO XLVIII

Quien quiera que una magistratura no se dé a un hombre vil o perverso, hágala pedir por uno más perverso, o por un excelente y nobilísimo.

Cuando el Senado temía que el cargo de tribuno con potestad consular se diera a un plebeyo, apelaba a uno de estos dos recursos: o lo hacía pedir a los hombres de mejor fama de Roma, o por medios ocultos corrompía a algún plebeyo sórdido y despreciable, el cual, mezclándose entre los plebeyos de mejores condiciones que de ordinario, solicitaba el cargo, lo pedía para él. En este último caso la plebe se avergonzaba de darlo, en aquél de negarlo.

Esto viene a probar también lo dicho anteriormente de que, si el pueblo se engaña respecto de las cosas en general, no se equivoca en lo que a los individuos atañe.


 

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